En 1988, cuando regresó de una exposición en Japón, Keith descubrió unas manchas de color violeta en su cuerpo. Un examen médico confirmó lo que él ya se imaginaba. El artista estadounidense más importante del grafiti de los años ochenta, tenía sida.
La noticia lo devastó; tenía 30 años y el mundo artístico a sus pies.
Su vida estuvo bajo la influencia de grandes personajes del arte pop. Fue amigo de Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat, Madonna y el escritor William S. Burroughs.
Su mayor producción está en las paredes de las estaciones del Metro de New York, donde intervenía con un rotulador fluorescente y modificaba carteles publicitarios. Gran parte de su trabajo estuvo relacionado con proyectos benéficos para niños, incluso hizo muchos de sus murales con la ayuda de ellos.
Haring escuchaba hip-hop a todo volumen mientras trabajaba. Era aficionado a la danza y a la capoeira y en sus dibujos se puede observar esa influencia musical.
Keith vivió de sus dibujos y gracias a la iconografía expresaba una frase que gritaba siempre: “El arte debe ser accesible a todo el mundo y no solo a una élite”. Murió el 16 de febrero de 1990. (I)


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