Con una gran acogida, la iglesia La Compañía receptaba a sus invitados, todos llegaban para presenciar el recital de órgano presentado por el argentino Diego Innocenzi, en el segundo día del XI Festival de Música Sacra.
“Es la primera vez que acudo a este tipo de eventos, pero la posibilidad de disfrutar una apertura hacia la Semana Santa con conciertos culturales es muy rescatable”, dijo Patricio Soria, de 30 años.
La puntualidad característica de este tradicional encuentro se mantuvo e inició a las 19:30. El organista estaba listo, con pasión empezó a tocar el teclado y a dejar a más de un asistente con la mirada perdida: el sonido se disipaba a través de los tubos de diferentes longitudes que posee el órgano.
Innocenzi manejaba las teclas y las partituras con vehemencia, sobre todo al manipular los múltiples teclados que componían el órgano, accionando también los pedales en la parte inferior, desde donde los registros musicales se emitían.
El programa se engalanó con Marcha solemne de Hamlet, Comunión, Ofertorio, Ofertorio-Fantasía–Tormenta, de Édouard Batiste; y concluyó con fragmentos de una sinfonía de Beethoven.
Al conversar con su público, Inoccenzi comentó que la música sacra es una expresión de la Europa de la Alta Edad Media, que inspiraba los acontecimientos litúrgicos, pero indicó que, además, en ciertas ocasiones simula toda una batalla campal.
“Estos encuentros reúnen a la comunidad quiteña, creyente o no. La puesta en escena de concertistas de alto nivel se premia con la acogida y ese es el objetivo”, manifestó Luisa Seif, organizadora del festival.
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