Xavier Coronel construye un nuevo híbrido

- 08 de noviembre de 2018 - 00:00
Coronel usa los relatos de Alien, de Ridley Scott, espacios en alquiler para el poder y algunos fantasmas.
Fotos: Jéssica Zambrano / El Telégrafo

El artista presenta hasta esta semana en la galería urdesina DPM la muestra Nostromo, un diálogo entre elementos que invaden lo urbano y la ciencia ficción.

El artista guayaquileño Xavier Coronel se embarcó en Nostromo, la nave de la película Alien, de Ridley Scott. Desde la ciencia ficción empezó a trabajar en una serie de cuadros de espacios urbanos, los fragmentos de un gran golpe de estado “liderado por un bestiario indefinido de monstruos, animales y fantasmas”, dice.

El discurso de su trabajo pictórico se mezcló con sus lecturas de lo que ocurrió en el Palacio de la Moneda en 1973, así como otros tantos derrocamientos de gobiernos latinoamericanos en los sesenta. Entonces se encontró con el origen de Nostromo, la novela de Joseph Conrad.

En su trabajo, Coronel se suscribe a la nostalgia de las playas en las que vivió de niño, interpela la visión de lo urbano y  su obra está cargada del abstraccionismo y el terror del cine.

Su versión de Nostromo es el nacimiento de un nuevo híbrido narrativo “entre política latinoamericana y ciencia ficción, en donde tomo las imágenes de bienes raíces para construir los espacios donde habitaba el poder del país y ahora es consumido por un atraco sobrenatural, la revolución del caos, la nueva Costaguana”, menciona. 

Conrad indica que el origen de su novela se situaba entre 1875 o 1876, cuando escuchó en el Golfo de México la historia de un marinero de quien decían que había robado solo un cargamento de plata en algún lugar del litoral de tierra firme durante los disturbios de una revolución. Así creó Costaguana, una república falsa de Sudamérica con realidad no tan lejana.

Coronel la lee como un retrato de un momento de tensión política donde un empresario influyente descendiente de ingleses, pero ya nacido en América, utiliza su poder económico para apoyar una dictadura que promete estabilidad y, al mismo tiempo, se asocia con un carismático líder del pueblo,  para proteger los bienes de sus minas durante las micro-revoluciones.

Al autor le llama la atención los extraños matices entre esas relaciones grises. “Incluso -dice- al ser una visión que hoy sería tomada como imperialista con justa razón, Conrad es, para la época, justo con sus personajes y la ficción retratada”.

Agrega que “Conrad en Nostromo dibuja una ficción  tan cercana a las realidades latinoamericanas de poder en las nuevas repúblicas que se refractan hacia la historia posterior de manera profética. Supuestamente Costaguana se basó en Colombia y Sulaco, en puertos como Cartagena, pero podría ser Guayaquil tranquilamente”.

Sin embargo, su idea no es vincular literatura y realidad sino crear su propia historia, una ficción.

Juega con los intertítulos,  como en las pinturas de Ed Rusha, “donde la palabra y el paisaje componen por igual, así hay pinturas en donde incorporo el texto dentro de la ficción como letreros y carteles o fuera de ella siendo totalmente pictóricos”.

Así surgen piezas como Empire (I miss all my ex-fiancées but I’m a rockstar now, o Entrada a Puerto Plácido, y el Nuevo escudo de Costaguana.

En su obra dominada por los desencuadres y edificios en abandono o explosión se filtran también los fantasmas de Finisterrae, película de Sergio Caballero, elementos de la saga Alien u otras películas recientes de ciencia ficción “donde la invasión es representada como algo orgánico que crece y muta junto con la naturaleza como hongos y esporas o bestias híbridas entre animales y humanos y otros seres que pueden ser inorgánicos habitando con ellos, o bien tomándose estos paisajes juntos, estas casas que le pertenecían al poder de Costaguana”. (I)  

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