Solo el 38% de los miembros asistió al sufragio de la CCE

13 de agosto de 2012 - 00:00

Las elecciones presidenciales de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), que se desarrollaron el pasado 1 de agosto, estuvo marcada por el desinterés a nivel nacional. De los 3.562 miembros que formaron parte del padrón electoral,  votaron 1.349, lo que significa el 38% a nivel nacional.

Por regiones tan solo la Amazonía supera el 60%, mientras que la Sierra llega al 37%, la Costa al 32% y la Insular al 42% (ver recuadro).

Los resultados provinciales también arrojan datos reveladores, así se observa que en Guayas, en donde están empadronados 658 miembros, solo 70 acudieron a sufragar, es decir apenas un 10%. Otra de las provincias con poco interés es Pichincha, en donde  constaban  566 y solo votaron 94, un 16,6%. En Azuay la nómina electoral registró 262 y votaron 56, un 21%. En las provincias más grandes es donde mayor desinterés se evidencia.

Todo lo contrario ocurrió en provincias en donde el número de miembros es menor en comparación con Guayas, Pichincha y Azuay. Así, en Napo, en donde hay 22 personas registradas, acudieron 21, dando un 95% de participación. Lo mismo ocurrió  con Orellana, Morona Santiago e Imbabura (ver recuadro).

La elaboración de padrones fue una de las tareas realizadas por la Secretaría de la CCE y según su titular, Juan Merino, fue un trabajo “arduo”, pues se tuvo como base una nómina que data de 1993.

Para Merino, el poco interés en las elecciones se debe a que  los miembros que forman parte de las secciones académicas  no se reúnen. Las comisiones fueron creadas para analizar, estudiar y dar un criterio sobre algún trabajo cultural específico, según relató el funcionario y precisó que esos departamentos llevan años sin convocarse.

Merino, sin embargo, dijo que, pese a la nula actividad de las secciones, hubo una participación significativa.

Para el historiador Pedro Saad, existen varios motivos que influyeron para la obtención de esos resultados, uno de ellos es que “la CCE ha marginado a los intelectuales” en lugar de convocarlos. Él, que es miembro de la CCE y que formaba parte de la Sección de Artes, dijo que no recibió ninguna convocatoria para participar en el proceso electoral para elegir al nuevo presidente de la Casa.

El también escritor dijo en sentido irónico que tal vez no lo convocaron “porque  lo consideran un intelectual que no ha contribuido para la formación de la identidad nacional”.

Saad ha publicado 21 libros -14 de historia y 7 de creación literaria- y ha realizado más de 20 obras de teatro. Reflexionó sobre la nómina de sufragio y sobre los resultados y en ese sentido dijo: “¿Quién evalúa y quién juzga, quién hace un análisis de que los 1.349 que votaron son verdaderamente intelectuales que han trabajado y entregado su vida a la gestión cultural?”.

Saad, de 72 años, relató que durante los 68 años de existencia de la CCE existieron algunas formas de designar al titular de esa institución.  Primero se estableció que los presidentes de cada núcleo provincial votara, pero surgieron “divisiones y malestar” porque para rareza del proceso en Pichincha no se creó el núcleo y con ello quedaba una gran parte de intelectuales fuera del proceso.

“Los núcleos provinciales se crearon en todas las provincias, excepto en una, y que nunca se creó, fue en  Pichincha porque suponía que, como estaba en Quito, se fusionaba con la matriz y  la elección de presidente era automáticamente doble, pero no funcionó y empezó a verse una serie de divisiones. Mientras  algunos núcleos tenían perfecta democracia, en Quito no había elecciones”, precisó.

Un segundo método de votación fue que los presidentes de las comisiones académicas votaran, pero también surgió un problema, pues el número de áreas no era igual en todas las provincias, por lo tanto, no había proporcionalidad, pues mientras en Pastaza habían 13 comisiones, en Guayas solo tenían 7.

Saad destacó el trabajo intelectual que hay en provincias como en Pastaza, pero dijo que no es cierto que la vida intelectual allí sea el doble de la que hay en Guayaquil. “Esto se hacía por maniobra electorera. Se podía manejar desde Quito los votos de estas secciones provinciales y así garantizar las elecciones de un presidente sin una elección universal y directa”.

Esto tuvo consecuencias. Creadores, como Jorge Enrique Adoum, se apartaron de la institución y nunca más asistieron porque consideraban que los ideales de Benjamín Carrión no se habían preservado y que  había un personalismo que incluso presentaba rasgos de corrupción económica. Es así que un grupo de intelectuales decidió abrir el Centro Cultural Benjamín Carrión, en donde se convocan y planifican actividades.

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