El 59% de artistas no tiene seguridad social

- 21 de junio de 2019 - 00:00

El Registro Único de Actores definiría las características de los trabajadores culturales del país, pero aún no ha servido para atender todas sus demandas.

La mayoría de artistas que marcharon el martes pasado en Quito están inscritos en el Registro Único de Artistas y Gestores Culturales (RUAC) que se instauró en 2017, y que debería ser la herramienta para recabar los datos del Sistema Nacional de Cultura.

Los actores culturales cuestionan su utilidad, por la forma en que se viene aplicando la Ley Orgánica de Cultura desde hace 31 meses en Ecuador.

Desde su creación reúne a 7.858 usuarios verificados y más de 14 mil registrados en todo el país. Del total de usuarios verificados, según datos del Ministerio de Cultura y Patrimonio (MCyP), colgados en su portal y levantados por este diario, el 59% no posee seguridad social y quienes la tienen, en la mayoría de los casos, mantienen una relación de dependencia y no una afiliación voluntaria.

La tendencia se mantiene aún en el caso de provincias como Pichincha, en la que se concentra la mayor parte de usuarios verificados en este sistema, así como el mayor número de casos que poseen un título universitario: 1.181 vs. 910 que no lo tienen. 

La balanza cambia en cuanto a la pertenencia a  gremios, donde la gran mayoría de actores culturales que se han registrado y validado en el RUAC está vinculada a alguna asociación.   

El actor Patricio Viteri, de 50 años, pertenece al gremio Asoescena (Asociación de Artistas Escénicos Profesionales del Ecuador) y el colectivo Mano 3 (conformado por seis artistas entre Quito y Cuenca) y está inscrito en el RUAC.

“Pertenezco a este registro porque es un requisito para aplicar a los fondos públicos”, dijo el intérprete. “Es una norma rarísima, que deja a mucha gente fuera aunque pudiera tener proyectos culturales interesantes”.

El RUAC, según mandato legal,  es uno de los requisitos para que artistas y gestores culturales se incluyan en el régimen de Seguridad Social con condiciones que estén acordes a su ejercicio laboral.

Viteri insiste en que “el RUAC no es un espacio de reflexión para los artistas” y ha terminado dos temporadas teatrales, en mayo y junio, sin incentivos estatales.

La economista especializada en cultura, Gabriela Montalvo, explica que la única diferencia que existe entre los artistas y gestores afiliados voluntariamente y otros trabajadores es que se paga tres veces al año en lugar de cada mes, pero no consiste en un régimen especial (en el país se divide en tres casos: régimen regular, campesino y las amas de casa).

Montalvo considera que sí debería haber un régimen especial para artistas porque “la función de los creadores y artistas, por distintos motivos, no es igual a quienes trabajan de manera autónoma en otras profesiones”.

Sostiene que la ausencia de afiliaciones voluntarias también está vinculada con la confianza en el sistema, que en el caso de los artistas se acentúa porque “están más envueltos en la precariedad”. 

El músico Francisco Valdivieso, de 31 años, pintó en una pancarta las frases “No más precarización, paguen puntual a los artistas”.

Le explicó a este diario que “todas las instituciones que administran presupuestos estatales para la cultura y el patrimonio tienen funcionarios que ganan un sueldo fijo, pero los que hacen las artes mantienen vivo al patrimonio y tienen que aguantar meses hasta que les paguen”.

Valdivieso, quien planea hacer un viaje a Loja con otros músicos, en julio, admite que no conoce bien los beneficios que pueda dar el RUAC.

“Entiendo lo que es el RUC (Registro Único de Contribuyentes)”, dice, “pero no me explican en qué se distingue el RUAC, ni siquiera los compañeros que me recomiendan inscribirme y concursar por fondos para el viaje”.

La actriz de teatro Sofía Domínguez (32) sí consta en el RUAC, para el que se debe pasar una aprobación que está a cargo del MCyP, e integra el grupo Zuli, un trío de intérpretes que suele trabajar con otros artistas si sus obras lo requieren.

Domínguez coincide en que “el papel del RUAC sirve como requisito” para ejercer un derecho, el de “acceder a fondos públicos que fomenten las artes, y que provienen de impuestos que los artistas pagamos siempre”.

Pero esta artista resume las demandas del sector así: “los fondos concursables son una suerte de lotería; deberían ser igualitarios porque los creadores no somos distintos a otros profesionales del país, pese a que el trabajo requiere otras condiciones”.

Otra actriz, Pilar Olmedo, es determinante: “no hemos obtenido ningún beneficio del RUAC”. Es independiente, tiene 66 años (más de cuatro décadas sobre las tablas) y asegura que “de lo que más sufrimos los actores es que no estamos asegurados, ni tenemos sueldo fijo”.

Sus hijos son una excepción: la bailarina Belén Alvear integra el Ballet Ecuatoriano de Cámara (BEC), allí cuenta con seguro; y el músico Rubén Alvear tiene mejores condiciones laborales porque  trabaja en el extranjero.

El poeta Agustín Guambo, de 33 años, fue uno de los pocos escritores en la marcha. Creó la editorial Murcielagario Cartonera, que dejó de publicar por falta de recursos.

De los seis integrantes de la Cartonera, Guambo es el único inscrito al RUAC, pero “no he visto ventajas de eso, basta ser ciudadano para acceder a los beneficios que el registro ofrece”. (I) 

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