'A son of man' combina identidad, paisajes inexplorados y una inversión millonaria

- 25 de octubre de 2019 - 14:30
Foto: Cortesía

El estreno del filme A son of man (La maldición del tesoro de Atahualpa), el viernes 25 de octubre de 2019, crea expectativas por la historia que cuenta basada en hechos reales sobre la búsqueda que ha emprendido una familia por el tesoro del emperador inca.

La cinta, dirigida por el ecuatoriano Luis Felipe Fernández-Salvador ha sido considerada como la más cara en la historia de la cinematografía nacional, con una inversión de $ 15 millones. El rodaje se hizo en paisajes naturales, sin actores y sin guion.

Por su parte, la actriz y productora alemana y una de las protagonistas de este filme, Lily van Ghemen, reconoció la calidad de los profesionales ecuatorianos para la realización de este filme y dijo que es preciso que el país apueste más por esta industria.

La cinta contó con la participación de unas 2.000 personas. Además, los realizadores han añadido a cuatro cineastas como productores ejecutivos honorarios. Entre ellos están los ganadores de Oscar como Gustavo Santaolalla, Guillermo Navarro, Guillaume Rocheron y Robert Blalack.

Su director, conocido como Jamaicanoproblem, dijo a diario EL TELÉGRAFO, que en su ópera prima ha creado un nuevo género cinematográfico, al que ha llamado "cine de realismo fantástico".

La productora y actriz alemana, Lily van Ghemen, y el cineasta Jamaicanoproblem Foto: Karina Acosta / et

-¿Por qué buscar el tesoro de Atahualpa en el siglo XXI?

Para mí ha sido una legacía familiar, ha pertenecido a mi familia por muchísimas generaciones, pero creo que puede inspirar a los ecuatorianos al mostrarles que todavía hay cosas importantes que desconocemos.

Lo importante es siempre mantenerse en la búsqueda insaciable de lo desconocido para seguir el camino del descubrimiento.

Hay muchísimos tesoros más allá de lo económico y lo cultural que siguen escondidos en el Ecuador y que nadie siquiera se imagina que existen, que lo más evidente, inclusive, que es el tesoro natural y desconocemos porque no conocemos a nuestro país, no viajamos en nuestro país, no exploramos nuestro país y esta película es eso, es una recopilación de una experiencia de 11 años buscando el tesoro de Atahualpa pero buscando también otros tesoros.

-¿Con qué se encontraron en este rodaje?

El protagonista es un chico que se crió en EE.UU., pero tiene raíces ecuatorianas y es invitado por su padre a unirse a esta legacía familiar que es buscar el rescate de nuestro último inca emperador Atahualpa. El tesoro más grande del mundo que está enterrado en Ecuador.

Encontramos muchísimas cosas, primero como explorador, pero tendrán que ver la película para que cada uno se dé cuenta visualmente de lo que se encontró, pero como realizadores y cineastas encontramos el futuro del Ecuador, porque esa búsqueda de la verdad, perseguimos la identidad, y el retrato de la identidad es el futuro de la nación.

-¿Qué le parece la industria nacional de cine?

La verdad es que no veo mucho cine ecuatoriano, aunque tengo como favorito entre mis directores a Sebastián Cordero, a quien aprecio y valoro mucho. Pero pienso que hay muchísimo talento y ganas de hacer cine en el país. Lamentablemente hay muchísima división y eso crea un gran problema, egos, regionalismos, problemas que deberían desaparecer. La única manera de progresar en una industria tan complicada como la cultural es haciendo una unión en un fin común, que es la representación cultural de una identidad y ello requiere la colaboración.

El cine es una concepción casi celestial porque terminar una película que funciona es como dar vida a un embrión y eso es un acto casi divino. Para que eso suceda tienen que jugar tantos factores a favor que no solamente uno puede pensar que con dinero y con conocimiento puede hacerlo, sino que tiene que haber un engranaje entre diferentes artistas que puedan trabajar como casi un plancton, moviéndose al mismo tiempo hacia un mismo fin.

Pero créame que ahora después de haber terminado esta película voy a empezar a ver más cine ecuatoriano.

-¿Cómo le llegó el financiamiento para el rodaje?

Se buscó el apoyo de instituciones públicas y privadas y no lo tuvimos, pero eso no impidió que este gran sueño se lleve a cabo. Podría decirle que bien o mal, arriesgando mucho, poniendo peso sobre peso, se logró completar esta producción. En algunos casos pues asumiendo muchos riesgos que podrían haber llevado a no terminar esta película, pero fue autofinanciada completamente y sentí que era mi deber seguir adelante con este sueño para poder enseñarle a las personas que no lo apoyaron que es posible crear cosas que pongan el nombre del Ecuador en alto y que debemos apostar en esto.

-¿Por qué 11 años para crear este proyecto?

Yo radico en el Ecuador, pero hace 11 años empecé a vivir entre París y Ecuador, y se vino a mi mente hacer este proyecto. Yo no estudié cine pero sabía que tenía un artista en mí. Lo que sí he sido durante 25 años es explorador. Yo vengo de una familia de exploradores, nos hemos concentrado en buscar tesoros culturales y económicos tanto en la Amazonía, como en los Andes. Teniendo eso en mis manos un día decidí que quería seguir los pasos del explorador francés Jacques-Yves Cousteau, que utilizó equipos cinematográficos para explorar su campo de interés que era la exploración, entones a través de la captura y de la documentación de sus vivencias, empezó a crear la ventana para las audiencias mundiales que quieren vivir como un explorador a través de ese lente que va al lado del explorador. Y poco a poco me di cuenta que las tecnologías audiovisuales han evolucionado tan prominentemente en el siglo XXI, que nos estaban pidiendo a gritos una nueva representación de la realidad. Para ello tuve que estudiar para crear el ‘Manifiesto’ sobre realismo fantástico.

-¿En qué consiste esta teoría del manifiesto de realismo fantástico?

La realidad no existe en el cine, ni en el documental ni en el de ficción, porque es una realidad metafísica dentro de ese cuadro que nosotros podemos controlar que se llama cine, que sí es una realidad, por supuesto, cognitivamente para el que la ve, pero es una realidad cinemática.

Para mí en ese momento fue sencillo darme cuenta cómo podía representar una nueva forma de la realidad y hay dos cosas que distinguen el documental de la ficción, no son la realidad ni la ficción, son la decisión estética y la narrativa. La única diferencia es que el cine documental se apega a leyes gravitacionales de la realidad que dicen o dictan que eso es real. ¿Por qué entonces no empezar a trabajar en nueva representación de la realidad e invitar a otros cineastas a romper esquemas y tratar de representar nuevas versiones de la ficción o nuevas versiones de lo que se puedan imaginar en su cabeza?.

El Manifiesto define este género que se llama realismo fantástico. Yo no había estudiado cine y tuve que ser autodidacta para construir una visión, que llevó experimentos de campo donde hacía mis exploraciones para ver cómo podíamos crear una visión estética sobre una nueva forma de representación de la realidad. Para eso tuvimos que desarrollar equipos tecnológicos que no siempre sirvieron y que fueron evolucionando hasta que llegamos a un prototipo que fue utilizado por primera vez para hacer una película con esta, y que esperamos industrializar.

-¿Por qué arriesgarse con una película sin actores profesionales y sin guion?

No hay actores en esta película. Las personas se interpretan a sí mismos, por eso es la realidad fantástica. Como director tengo que cuidar que usted no trate de transformarse y salirse de la historia que se está capturando, sino que el intérprete debe ajustarse y evolucionar.

No hay un guion porque para anclarme en las leyes gravitacionales de la realidad, tenía que dejar de prescindir de un guion para que todo se justifique como algo que está pasando en el momento presente, porque estamos construyendo realidad.

Los tres pilares de importancia de este género (realismo fantástico), es no tener un guion para acogernos a que esto es real, como dice el cine documental real, que todavía no pienso que haya nada real. También que no haya actores, porque no puede haber personas interpretando a nadie que no sean ellas mismas y la tercera es que no pueden haber set ficticios y las personas tienen que estar interactuando en el mundo real para poder decir que usted está sintiendo, presintiendo y transformándose en un evento que está creándose en su realidad.

-¿Qué hace transcender el filme, la historia o los productores con Óscar?

Es una suma para haber creado con esta película un nuevo género de cine, porque esto es un a prueba de concepto de este Manifiesto de realismo fantástico, pero más allá de eso, creo que por supuesto, el hecho de que tengamos seis Óscar en los bolsillos de nuestros productores pues por supuesto nos eleva.

El filme muestra una calidad de producción y de efectos especiales y de movimientos de cámara, que solo lo ves en películas como Harry Potter, pero en este caso tenemos ahora una de estas cosas en Ecuador y podemos sentirnos orgullosos de que ha sido en los espacios más bellos y con la historia más bella y menos conocida de nuestro país, que es Atahualpa y esta región de los Llanganates, donde se encuentran la mayoría de estos tesoros escondidos para que sean descubiertos.

-¿Sí cree que hay atesoros ocultos todavía?

Ah, estoy completamente seguro. Le digo porque se han encontrado ya muchos, sino que lo hemos dejado en el mismo sitio para protegerlos de la globalización.

-¿Va a hacer más cine?

Estoy pensándomelo, pero de seguro voy a apoyar a jóvenes cineastas a seguir en el movimiento del realismo fantástico en cuanto estén interesados de hacer producciones de esta índole, en donde se puedan crear historias fantásticas sobre nuestra linda historia cultural y nuestros paisajes y nuestra identidad, tanto en Ecuador como en Latinoamérica. (I)

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