Obras de Marcelo Aguirre y Juana Córdova habitarán en la Torre Seis

- 24 de marzo de 2018 - 00:00
El artista quiteño Marcelo Aguirre pintó un cuadro en gran formato en el que recrea una gran espiral -como símbolo de vida- que nace de un individuo. En la imagen derecha, la artista cuencana Juana Córdova, radicada más de siete años en Santa Elena, usó palos de diversos árboles tropicales para armar su pieza.
Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

El edificio de hormigón visto está diagonal a la Plaza Argentina, en el norte de Quito, y exhibe dos piezas en gran formato de los artistas ecuatorianos, cuyas obras fueron financiadas por la empresa constructora Semaica y Nuovit.

El invierno de 2017 fue considerado el más fuerte de los últimos 19 años -según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología- y provocó -además de inundaciones y otros problemas- que  ríos de la Costa ecuatoriana salieran al mar, como el Ayampe y el de las Tunas.

Esto generó que las playas se llenaran de palos de diferentes tipos de especies de arbustos y árboles, “como el guachapele, el bejuco o el muyuyo”, comentó la artista cuencana Juana Córdova, quien hace más de siete años vive en Santa Elena y cuya obra se nutre y gesta a partir del entorno único que habita.

Durante sus frecuentes recorridos por la playa -que le sirven para pensar sobre su trabajo creativo-, la artista   coleccionó palos que tenían características singulares. Sin saber aún qué hacer con ese material, Córdova recibió una invitación de la historiadora de arte y curadora Giada Lusardi para participar en un proyecto que implicaba la realización de una obra que iría en el lobby de la Torre Seis.

 

La artista elaboró una estructura en gran formato -a la que llamó ‘Creciente’- usando los palos que recolectó y recreó a la entrada del   edificio quiteño una especie de cascada orgánica que contiene y retrata la fuerza de la naturaleza costera.

Esta pieza de Córdova fue seleccionada con otra de Marcelo Aguirre -de un total de 5 propuestas de diversos artistas- para ser ubicada en el lobby de la Torre Seis, una construcción contemporánea de hormigón visto -hecha por Semica y Nuovit, y diseñada por Diez+Muller Arquitectos- que se ubica en la avenida 6 de Diciembre y Boussingault, diagonal a la Plaza Argentina.

La empresa constructora de la Torre Seis contrató a Giada Lusardi, que actualmente es profesora de arte en la Universidad Católica, para que hiciera una convocatoria a cinco artistas, quienes tenían que preparar una propuesta de acuerdo a la arquitectura del nuevo edificio.

Los artistas que Lusardi escogió con un comité -dijo- representaban a “diferentes generaciones y procedencias de Ecuador”. Ellos fueron Juana Córdova, Marcelo Aguirre, Paula Barragán, Paúl Rosero y Dennys Navas.

Solo una obra debió ser elegida, pero por la alta calidad de los trabajos se escogió a dos. “Convocamos a artistas con líneas heterogéneas que debían hacer una propuesta a partir de sus búsquedas individuales. Luego se duplicó el presupuesto por la calidad de los trabajos para producir dos obras”, dijo Lusardi.

La obra de Juana Córdova parte de una serie de trabajos de tipo vivencial que realiza  hace más de siete años, que es el tiempo que vive en  Santa Elena junto con su esposo, Sebastián  Malo, diseñador gráfico que colabora en sus proyectos.

“Los recorridos por las playas se han vuelto una forma de trabajar. Caminando encuentro el tiempo para pensar en las ideas. El ambiente marino envuelve mis obras. Plumas, piedras, conchas, arena, incluso el sonido del mar son materiales para mis propuestas”, dijo Córdova, quien esta semana estuvo en Quito en el acto de develación de las obras.

La obra del artista quiteño Marcelo Aguirre, en cambio, es un cuadro en gran formato -ubicado en una pared interna de la Torre Seis-, en el cual aparece una espiral gigante que se origina de un individuo pintado en la esquina inferior derecha de la pieza.

“Pensé en una imagen que   lleve al espectador a un estado reflexivo, de contemplación. Imaginé un trabajo más bien simbólico y se me vino a la cabeza una espiral, símbolo de vida, de crecimiento, que encontramos en toda la naturaleza. Entonces, el espectador se adentra en el mundo de la espiral, que nace de un personaje”, dijo Aguirre.

Esteban Sevilla, gerente general de Semaica, dijo durante el acto de develación de las obras que, como empresa privada de construcción, “no solo debemos fomentar a artistas plásticos, sino que hay que incrementar el valor patrimonial del edificio. Queremos romper la idea de que el arte solo se puede disfrutar en museos o centros culturales, y permitir que en espacios cotidianos y públicos de circulación pueda lucirse arte de alta calidad”. (I)  

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