Marcia Chauca marca en las hojas un lugar político

17 de diciembre de 2012 - 00:00

Marcia Chauca es una cinceladora de hojas. El apelativo surge por su oficio: ella interviene las hojas secas de cacao, café y aguacate para dibujar rostros, cuerpos, montañas, animales o lo que su imaginación capture del sur de Quito, donde habita.

Para la exposición “Cuando la naturaleza se hace arte”, que se exhibe en la sala múltiple del Ministerio de Cultura, en la capital, desde el pasado miércoles, la artista recreó una imagen muy recurrente de la ciudad: el paseo de una familia a la que tituló “Los que quedamos”.

En la obra, de 63 por 54 centímetros, la artista usó alrededor de 13 hojas de aguacate y cacao; empleó los dos tipos porque le daban el color adecuado que necesitaba para pintar el cuadro. La artista explicó que los colores, que van tomando las hojas cuando se secan, son fundamentales para el acabado que necesita.

Así, explicó que la hoja del café, del color verde pasa a un café oscuro, mientras que la del cacao permanece verde y la del aguacate adquiere un tono blancuzco amarillento.
Chauca asegura que las únicas hojas que le permiten dibujar son las de aguacate, café y cacao, porque poseen la nervadura adecuada para sostener su trabajo artístico. “Las hojas son como el pergamino”, dijo.

El proceso para dibujar sobre el ‘pergamino’ vegetal consiste en recolectarlas, luego disecarlas cubriéndolas con papel periódico. El tiempo de secado dura entre 15 días y 6 meses, eso depende de la región de la que provenga el material. “La de aguacate de la Sierra, por ejemplo, demora 15 días, mientras que si es de la Costa le llevará entre tres y seis meses conseguir el disecado perfecto”, indicó la artista.

Con el “pergamino” seco la cinceladora empieza a plasmar el dibujo sobre la hoja, que previamente realizó en una cartulina. Lo hace con un marcador escolar. Trata de utilizar materiales no contaminantes para que no afecten la textura del vegetal. Una vez con el boceto sobre la hoja empieza a golpear con una aguja de coser los bordes del dibujo y de esa manera da forma a la obra.

Cuando empezó con este arte junto a Jaime, su ex pareja, denominaron a la técnica como “fitograbado”, pero cada vez que analizaban y observaban el trabajo, se daban cuenta de que ese término no se “apegaba a la realidad”.

Después de largo tiempo y al preparar la exposición, Jaime Cortez, curador de la muestra, bautizó la técnica como fitoarte. “Fito es vegetal y se empata con arte, ésa es la realidad”, sentenció Chauca la noche de la inauguración a la que asistieron sus compañeros de trabajo y familiares cercanos.

Cortez destaca algunos factores en la manufactura de “La cinceladora de hojas”. Primero el soporte que usa, que es totalmente diferente a los procesos existentes. “Es un arte distinto, una base diferente, una propuesta que no se encasilla en lo tradicional. Es lo que Marcia presenta en esta muestra, fruto de una experiencia propia más que de una formación académica. En ello radica su fuerza, el no haber sido contagiada de las modas pasajeras”, reflexionó el curador.

Otra de las fortalezas que encuentra en la obra es el discurso que propone. Según el antropólogo y curador, se “nutre de la cotidianidad, de una visión propia del mundo y de los temores que aquejan a la mayoría de la sociedad en una era tecnológica fría y carente de ese sentido de solidaridad”.

En la exposición, que cuenta con 10 cuadros, se puede encontrar obras como “Búsqueda”, en la que un hombre hala un coche de bebé por una calle desolada. La pieza está compuesta por 5 hojas de cacao y aguacate. También está “Chimborazo”, dibujada en 13 hojas de cacao. El número de hojas dependerá del diseño del dibujo. Chauca pinta también en hojas que no alcanzan los 10 centímetros.

Para la subsecretaria de Arte y Creatividad, Mayra Estévez, la obra de Chauca “recuerda a los antiguos papiros egipcios o persas, por la singular técnica, y se puede agregar que apela también a los códices mayas y aztecas. Es decir, el soporte mismo rememora a las formas ancestrales que varias culturas han utilizado para representar el pasado y combatir el olvido”, indicó.

Para Estévez, el trabajo artístico que retrata los cambios del sur de Quito marca una categoría “histórica como una perspectiva de análisis, como un lugar político. Sin olvidar que en los ‘sures’ también hay ‘nortes’, y en los ‘nortes’, ‘sures’”.

El arte de la cinceladora también responde a “las trayectorias y caminos marcados por la decolonialidad en el sentido estricto de una emergencia de hablar desde ser mujer sureña, buena vecina de Alongui”, dijo la funcionaria y añadió que “al usar un medio poco convencional como soporte, permite que las hojas se inscriban como tecnologías de lo sutil en la clave de resistencia”.

Tras destacar las fortalezas de la obra de la artista, Trujillo aseguró que el trabajo “merece atención futura entre investigadores de las teorías críticas que producen conocimientos sobre las prácticas artísticas contemporáneas”.

La exposición de “La cinceladora de hojas” está auspiciada por el Ministerio de Cultura, tras una solicitud del presidente Rafael Correa, quien conoció del trabajo de la artista de una manera particular: Chauca, el pasado 23 de febrero, se acercó al Presidente después de una cadena sabatina en el colegio Amazonas, en el sur de Quito. Ahí le pidió al mandatario que le ayude con la promoción y difusión de su trabajo, sobre todo a escala turística.

Así, el Ministerio de Cultura, después de una valoración de la calidad de la obra y bajo el Plan Nacional del Buen Vivir, otorgó apoyo técnico y económico para la muestra, que cuenta además con un video y un catálogo en los que consta una serie de obras de “La cinceladora de hojas”.

El trabajo estará expuesto hasta mañana. La entrada es gratuita.

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