"Horizontes errantes", una mirada a lo poscolonial

- 26 de octubre de 2018 - 00:00
El video Los inocentes, de Diego Lama, muestra a un grupo de pandilleros en actividades cargadas de una violencia que se confunde con el afecto, el eros.
Fotos: John Guevara / EL TELÉGRAFO

La muestra colectiva que se exhibe en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito cuestiona ideas relacionadas al territorio, el género o la violencia.

Pescadores con la piel curtida y brillosa navegan en sus botes por los ríos del noroeste de Brasil. Cuando pescan a su presa -tilapias de gran tamaño-, estos hombres de músculos definidos abrazan al animal (que se resiste a morir) hasta que fallece.

Este gesto que funciona como rito de paso de la vida hacia la muerte es una forma de agradecer a la naturaleza los alimentos que provee para el consumo. La imagen del pez resistiéndose a morir es de una violencia estremecedora que, sin embargo, se matiza con la ternura del hombre que lo ayuda a morir.

Aquel tránsito de la vida hacia la muerte es capturado en el video O Peixe (El pez), de Jonathas de Andrade, artista brasileño que a través de una cámara que proyecta una mirada homoerótica de los cuerpos de los pescadores expone una forma empática de relacionamiento entre el ser humano y la naturaleza, muy diferente a la manera como el capitalismo procesa el consumo animal.

Las obras de María José Argenzio y Rometti Costales reflexionan sobre la colonialidad, la apropiación y la relación del individuo con el entorno natural.

Jonathas de Andrade es parte de la exhibición Horizontes Errantes que se presenta en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CAC) y que reúne el trabajo de 13 artistas y un dúo artístico provenientes de Latinoamérica, el Caribe y Europa.

La muestra colectiva convoca a un conjunto  de prácticas artísticas contemporáneas que vinculan el pasado colonial con el desarrollo moderno, desde un sentido crítico. Los artistas pasan revista a los contextos sociales a los que  pertenecen, y a partir de ahí cuestionan desde una lectura poscolonial ideas vinculadas a la identidad, la raza, el género o la migración.

Eduardo Carrera, curador del CAC y de esta exposición, señala que Horizontes Errantes  revela las “subjetividades de los artistas para ver los contextos específicos a los que están sometidos, o cómo viven sus realidades sociales, o cómo las resisten”.

La primera parte de la exposición se relaciona a la noción de territorio y viaje. La idea colonial de que América Latina fue descubierta es interpelada por una serie de artistas que desestabilizan la idea convencional del viaje como un ejercicio de ocupación, despojo y control.

Karina Aguilera Skvirsky (Ecuador) expone el video performance “El peligroso viaje de María Rosa Palacios”, en el que la artista recrea el recorrido que hizo en 1905 su bisabuela María Rosa Palacios, una afroecuatoriana descendiente de esclavos que dejó de muy joven su natal  El Chota para dirigirse hacia Guayaquil y trabajar.

David Guarnizo (Colombia) presenta dos obras: “Excavación de un horizonte” y “La distancia al horizonte”, dos trabajos que reflexionan sobre la fragilidad del territorio. El artista cuestiona los límites que definen a un país y  las reducidas identidades que estos producen.

Pilar Quinteros (Chile) recrea un viaje de exploración en la selva brasileña a partir del libro de un viajero inglés que quería hallar una ciudad desconocida. Mientras que Marco Pando (Perú) exhibe “Regreso al templo del sol”, un video que construye la figura de un antihéroe en contraposición a la tira cómica de Tintín, personaje que acompañado de su perro Milú recorrió en una de sus historietas la naturaleza peruana.

Esta sección concluye con “Rastro”, una videoescultura de Angélica Alomoto (Ecuador) en la que hace un ritual indígena de conexión a la tierra sobre una superficie hecha con arcilla, agua y petróleo.

Una segunda parte de la muestra interpela al género y la violencia mediante videos que cuestionan las masculinidades dominantes, como el trabajo de Jonathas de Andrade o de  Diego Lama (Perú), quien filma a un grupo de pandilleros en acciones aparentemente agresivas que guardan  sospechas de afectos.

Christian Salablanca (Costa Rica) llega con tres propuestas: “En mi defensa no diré nada”, “Transferencia (ayer soñé)” y “Se me escapa de las manos”. En este último trabajo el artista desestabiliza el gesto de aplaudir, vinculado a la positividad, y lo muestra como un acto cruel, pues bajo las palmas del hombre que aplaude se inscriben las frases: “Hay días tristes y hoy”.

El resto de los artistas cuestionan la colonialidad castellana, como María José Argenzio (Ecuador), y reflexionan sobre la ritualidad y la muerte, como Rometti Costales (Francia & Ecuador),  Edgardo Aragón (México), Gabriel Acevedo (Perú), Beatriz Santiago Muñoz, (Puerto Rico) y Naufus Ramírez Figueroa (Guatemala), autor de un video performance crudo pero esperanzador. (I)

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