Un filme a la vuelta de 30 años

- 23 de mayo de 2020 - 00:00
La película retrata la vida de los pueblos indígenas en la transición de las haciendas a las comunidades indígenas.
Ilustración: El Telégrafo

Un protagonista de la película 500 años después, el regreso recuerda la vigencia de la resistencia indígena en Ecuador.

Luis Alberto Andrango Cadena era un niño indígena de 11 años en 1990. Una relación familiar con el realizador fotográfico Pocho Álvarez lo llevó entonces a protagonizar una producción audiovisual en el marco del debate mundial de los 500 años de hispanidad, visto del lado de Europa y de los 500 años de resistencia desde la parte indígena.

500 años después, el regreso es la cinta que hoy rememora en entrevista con diario EL TELÉGRAFO. “El filme fue promovido por el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAE) que dirigía en ese momento Hernán Cuellar, quien, junto con Jorge Luis Gómez, hizo el guion, argumento y adaptación.

Andrango relata que su papel en la película fue representar al protagonista en su época de niñez. “El filme de 30 minutos intenta visibilizar en el papel de este personaje la vida de un indígena que sale muy joven de su comunidad a trabajar en una mina en la Costa”.

Cuando ese niño salió de su comunidad, recuerda, “su padre le regala una ocarina y le dice que representa su cultura, tradición e historia, pero una noche en la mina tiene un sueño incómodo y cuando despierta la ocarina está rota”. Él siente que es un mensaje de que algo pasa en su comunidad y regresa.

El protagonista adulto de la película fue Rafael Quimbo, quien hoy es un renombrado chamán y conocedor de la cultura y tradición de los pueblos originarios de América.

La trama

El objetivo es visibilizar, por un lado, la opresión y discriminación en la que vivían los pueblos originarios y, por otro, su lucha y su resistencia en defensa de su identidad y cultura.

El protagonista, que trabaja toda su adolescencia y juventud en las minas, al regresar a su comunidad se da cuenta de que, en realidad, muchas estaban organizadas para enfrentar el régimen de explotación.

“Cuando llega, lo primero que ve es un velorio de un miembro de la comunidad que por defender las demandas de los comuneros fue asesinado”.

En ese retorno, también se encuentra con un cura que le habla en quichua y que acompaña a los indígenas en la lucha, vinculado a la Teología de la Liberación.

500 años después, el regreso se puede ver con acceso libre, accediendo al sitio web de la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Está filmada totalmente en idioma quichua con subtítulos en español.

Para Andrango, verla ahora puede resultar interesante por la coyuntura que vivimos. “Muestra  de nuevo esa realidad de aquellos años; y si se la mira ahora, se puede hacer una retrospección y una constatación de que está vigente en la actualidad”.

Hoy, aquel niño tiene 41 años y no ha vuelto a hacer cine. Estudió Ingeniería en gerencia y liderazgo y ha seguido vinculado a las organizaciones indígenas de Cotacachi y a la Fenocin, de la que fue presidente.

A la vuelta de 30 años, en la práctica y la cotidianidad, continúa articulado a esos procesos de lucha y resistencia que se retrataron en ese filme. (I)

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