Especial Fin de Año 2017

El sector cultural independiente se fortalece

Galerías de arte dirigidas mayormente por mujeres y colectivos; sellos editoriales de diversas provincias que trabajan con narrativa y poesía; y propuestas escénicas y musicales que cada vez alcanzan mayor repercusión regional son parte de los trabajos independientes del medio cultural ecuatoriano.
31 de diciembre de 2017 00:00

Este año cierra con un hito editorial que no ha tenido la suficiente resonancia que se merecía: la publicación a cargo de El Fakir de tres tomos con anotaciones críticas que recogen toda la labor poética y de traductor de Jorge Carrera Andrade, con motivo del centenario del primer poema que el vate quiteño escribió cuando tenía 14 años y que tituló ‘Apolo y Dafne’.

Álvaro Alemán -uno de los editores de El Fakir, crítico, docente y quien ha dedicado toda una vida a rastrear el trabajo de Carrera Andrade–, al referirse a este inédito esfuerzo, decía una verdad que, en buena medida, puede trasladarse a otras áreas que no sean solo las literarias y que reflejaría la forma en cómo han operado las entidades culturales.

“Puesto que no existen instituciones en el Ecuador dispuestas a asumir el considerable reto intelectual y la significativa inversión requerida para honrar la obra de uno de los dos o tres más importantes escritores del siglo XX en la forma de una edición crítica, El Fakir lo ha hecho a cuenta propia”.

El trabajo editorial ecuatoriano independiente, en los últimos años, se ha consolidado a través de la conformación de una Asociación de Editores que articula acciones conjuntas con proyección regional y de la aparición de diversos sellos que han explorado la poesía, la narrativa, los libros de arte, la biografía y la crónica (aún está pendiente una mayor atención al ensayo y el teatro).

Antes de que se anunciara este año la ejecución del Plan Nacional de Lectura -que, según reconoció su mismo director y se pudo constatar en la X Feria Libro de Quito, inició con “torpeza”-, el sector editorial independiente no solo se consolidaba, sino que saldaba urgentes deudas de lectura, como la publicación de autores emergentes. También hay que resaltar, por parte del sector universitario, su interés por publicar antologías de escritores fundamentales de la lírica ecuatoriana, como lo hizo el Centro de Publicaciones de la PUCE con la colección de El almuerzo del solitario.

Lo mismo sucedió en el campo del arte contemporáneo, el cual, pese al cierre de la galería No Mínimo en Guayaquil, también se ha dinamizado con una mayor y solvente representación de artistas en el extranjero, y con el fortalecimiento de  espacios como Más Arte, Violenta, DPM, Khôra o la Galería Ileana Viteri. Este último sitio, por sus diez años de vida -y saldando otra deuda, la del cierre por más de dos años del Museo Nacional-,  presentó la exposición Legados, en la cual reunía a algunos de los maestros del arte moderno ecuatoriano, como Araceli Gilbert, Lloyd Wulf, Estuardo Maldonado, Enrique Tábara, Oswaldo Viteri, Ramiro Jácome, entre otros.

El sector cultural independiente ha sostenido vacíos, es innegable. Desde la política pública se debe, primero, reconocerlos, para luego nutrirse de ellos. No hay dónde perderse. (O)

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