Espacios que quedan para las clásicas “inocentadas”

- 29 de diciembre de 2018 - 00:00

Además de las publicaciones satíricas realizadas en el teatro callejero, en publicaciones impresas o radios, El Colmenazo (al noroccidente de Quito) y la celebración de Inocentes en San Marcos (centro-oriente) se conservan de forma regular. En Cuenca y algunos pueblos de Cotopaxi es más común que se realice este ritual que coincide con la Diablada de Píllaro y sus alegorías, entre el 1 y 6 de enero. La representación del diablo, desde la picaresca, los osos como personajes agresivos en apariencia y los payasos que cantan coplas son parte del imaginario. Con colorido, en estas fiestas se transforma el orden social, se lo invierte con una amplia convocatoria popular.

La fiesta de Reyes se perdió en Ecuador, quedando relegada a ciertas familias que la han recuperado por la migración, y continúa latente en México y España. Las prácticas seculares que dependen de la organización barrial se extravían en ciudades amuralladas, coinciden varios especialistas. Pero el concurso de años viejos se mantiene incluso como práctica familiar, privada.

“Ya lo decía Margaret Mead, el ser humano funciona como una entidad dramatúrgica”, recuerda Zaldumbide. Siempre que quieren decir la verdad, las personas emplean máscaras. (I) 

 

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