Toledo: “El paso del tiempo es implacable”

- 18 de mayo de 2019 - 00:00
Las semillas de maíz que destruyen el yeso de estas esculturas con forma de Venus de Milo representan la lucha entre la naturaleza y los objetos inertes.
José M. Cabrera K. / ET

En su muestra Presentimiento, el artista quiteño explora la fragilidad de la materia y la memoria. Hasta el 24 de mayo se exhibe en la galería Violenta.

La dimensión material de la pintura siempre le llamó la atención al artista quiteño Byron Toledo. Ese elemento que se utiliza para representar escenas en un plano de dos dimensiones puede tener también volumen.

Así lo demuestra una obra compuesta por lo que quedaba en tres tarros de pintura de diferentes colores, ubicada sobre una de las paredes del  espacio Violenta, donde Toledo exhibe Presentimiento, exposición inaugurada el pasado 10 de mayo.

Esa pintura, en azul, rojo y blanco, había tomado la forma de los botes que la contenían, un detalle central para Presentimiento. “Entre lo que se conserva y lo que se desecha, hay mucho que habla de nosotros”, dice Toledo.

En este momento, el artista está interesado en ver cómo el paso del tiempo afecta las cosas. Así, en una serie de esculturas con la forma de la Venus de Milo, Toledo implantó semillas de maíz que fueron destruyendo el yeso que le da cuerpo a la diosa greco-romana.

Juega aquí el artista con algunas capas de sentido que tienen su origen en las relaciones sociales que trajo la colonización.

Así como la Conquista destruyó la memoria nativa para implantar un modelo de vida y pensamiento propio del Viejo Continente, en estas esculturas el maíz, cultivo originario de América, destruye esas estructuras de la diosa europea.

A Toledo le gusta la idea de “intervenir en el destino de los objetos”, una frase que sacó de un amigo suyo. Así, algunos de sus trabajos van más allá de representar el paso del tiempo, sino que han sido afectados en sí mismos.

Esto ocurre en una pintura que muestra a una pareja de ancianos pintada en un papel sobre el cual el artista puso a crecer un hongo, generando deterioro sobre el papel para poner en cuestión la idea de la memoria, a veces enmohecida, y siempre en peligro.

La pintura está inspirada en una fotografía. Toledo se mueve mucho entre archivos, que utiliza para enfatizar que el recuerdo es frágil, aún más cuando falta quién explique los registros.

Una idea desplegada en Inmemorial, una selección de fotografías que el artista quiteño encontró en el archivo de su abuela fallecida.

Son imágenes de una toma aérea de una ciudad (seguramente Quito), un plano general de las olas tocando la orilla y un perro negro que “nadie sabe de quién es”, explica el artista capitalino.

En otro pasaje de la muestra se exhibe la fotografía y el cuadro de una edificación en un campo rural que fue abandonada luego de un incendio. Cincuenta años después, plantas y animales (en suma,  la naturaleza) se reapropiaron de ese espacio un día tomado por el ser humano.

Una idea que retoma en su serie Animales de ciudad, en la que piensa en cómo convive la fauna urbana que depende de las personas (como las ratas o las palomas), pero que no han sido domesticadas. Una forma de vida que, según el artista, “no es muy diferente a la nuestra”.

Toledo, miembro y fundador de la galería No Lugar, de la capital de la República, expone Presentimiento en espacio Violenta (Villavicencio y Gómez Rendón) hasta el 24 de mayo. (I) 

Esta serie se centra en contrastar la descomposición de los alimentos que ha consumido Toledo frente a la permanencia de la pintura como material. Foto: Jéssica Zambrano / EL TELÉGRAFO

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