El blanco y negro reivindican su lugar en la obra de Chagall

- 04 de noviembre de 2018 - 00:00
La muestra Chagall, du noir et blanc à la couleur, abierta hasta el 24 de marzo de 2019, invita a contemplar su obra desde una perspectiva inédita.
Foto: Cuadro de Marc Chagall

Acercarse a la obra de Marc Chagall (1887-1985) es hacerlo a su rica, singular y casi infinita paleta cromática, pero el maestro del color lo fue gracias a su exploración del blanco y el negro, punto de partida de una nueva exposición en Aix-en-Provence, en el sureste de Francia.

“En el blanco y el negro, Chagall busca ante todo el contraste y el claroscuro, inspirado en la pintura española e italiana, lo cual lo llevará a desarrollar una materia pictórica más colorista, densa y viva”, explica a EFE una de las comisarias, Ambre Gauthier.

La muestra cuenta con más de 130 pinturas, collages, esculturas y cerámicas a partir de 1948, año en que el artista de origen bielorruso se instala en la Costa Azul.

El hilo conductor es el diálogo incesante entre el blanco y el negro y el color. El último no representa la culminación lógica del primero, sino que se produce una simbiosis en la que la atracción temporal por uno de ellos terminará por beneficiar al otro.

“El azul que predomina en muchas obras no sería tan fuerte ni intenso si el artista no hubiese experimentado antes con las posibilidades del negro”, dice la comisaria.

Sus últimas obras reafirman su libertad creativa y su fructífera inspección del color.

Para el “mago del color”, el negro se erige tras la Segunda Guerra Mundial como catalizador de recuerdos sombríos y de esperanza, como se observa en “El filósofo vengativo” y “El cocinero”, ilustraciones para el Decamerón de Giovanni Bocaccio.

Curioso y provocador, el artífice de la cúpula de la Ópera Garnier de París invierte en cuadros como “La noche verde” los usos tradicionales del blanco y el negro y utiliza el blanco para construir el volumen, una función reservada al negro.

Tras haber descubierto inspiradores matices en estos dos colores, inyecta una nueva vitalidad a su paleta, que alcanzará la plenitud con tonos luminosos e intensos que redefinirán su obra y marcarán su sello personal, junto con las imágenes oníricas y metafísicas.

Ejemplo de ello es “El Arlequín”, uno de los préstamos excepcionales de la colección, que exhibe una colorista figura escultórica y refleja el gusto de Chagall por los temas místicos y los motivos circasianos de su tierra natal. (I) et

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