Arístides Vargas gradúa a sus primeros actores

- 31 de enero de 2019 - 00:00
Jéfferson Castro, Ariana Fuentes y Estefanía Rodríguez presentan su trabajo en Muégano Teatro.
Foto: Jéssica Zambrano / EL TELÉGRAFO

La primera promoción de la Escuela de Artes Escénicas de la UArtes presentará su trabajo mañana y el sábado, a las 20:00, en Muégano Teatro, de Guayaquil.

Tres personas se reúnen frente al edificio que les ha robado sus ahorros los jueves a las seis de la tarde, en una puntualidad forzada.

Lo hacen con una prudencia lejana. Ven cómo del lugar en el que depositaron sus pequeñas fortunas solo quedan fragmentos, porque todo está por derrumbarse.

Con una escenografía de cartón, cajas en las que cada uno de los actores guarda sus sueños y constituye sus individualidades, Estefanía Rodríguez Caguana, Ariana Fuentes Ante y Jefferson Castro Silva presentan La casa de las pequeñas fortunas.

El dramaturgo y actor Arístides Vargas coordina esta propuesta que surgió de una creación colectiva entre los actores que son la primera promoción de la Escuela de Artes Escénicas que gradúa la Universidad de las Artes.

En sus improvisaciones, esta generación de millenials noventeros, que salió del Instituto Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE), se encontró de manera recurrente con una narración sobre la economía. Esta afectó a sus padres, la crisis bancaria del 99, los referentes culturales con los que crecieron en la televisión.

“Nos aferramos a la memoria de manera inverosímil”, dice Rodríguez, durante la obra. Cada uno de los intérpretes está atravesado por la memoria de sus padres, de sus abuelos migrantes, por la idea de una ciudad que les ofrecía progreso.

“Esta obra es pertinente porque hemos hablado muy poco de esta historia como país y de cómo nos ha afectado”, indica Rodríguez en una entrevista con este diario luego de presentar un ensayo completo de la obra.

“No solo hablamos de cosas que nos constituyen, jugamos con lo que nos late, de nuestros abuelos, padres, madres, de sus fracasos y los nuestros”, agrega Castro.

En los distintos actos de las obras, los intérpretes ponen de manifiesto sus escuelas. Lo hacen desde esa pertenencia al teatro físico que propone Bertolt Brecht y a la oralidad, una herencia tan universal y, tal vez, una de las mayores fuerzas latinoamericanas.

Además surgen pequeños fragmentos cotidianos de sus consumos culturales en la niñez. “Hay cosas de nuestras referencias que se develan en nuestros procesos”, dice Fuentes.

En una de las escenas aparece, por ejemplo, Ana Gabriel, esa cantante mexicana que alude a la idea del “amor romántico”.

Desde el teatro los intérpretes lo abordan de manera consciente y proponen la deconstrucción de sus propios referentes.

Ana Gabriel bien podría convertirse en un “proyecto político transformador”.

Para Rodríguez se trata de asumir que en América Latina abundan un montón de contradicciones.

“Queremos encajarnos en una sola cosa pero la realidad se nos devela y sale que te encanta Ana Gabriel y estás estructurada por una de esas lógicas”, dice.

Cada una de estas referencias están contadas desde la fábula de la casa de las pequeñas fortunas, de los afectos de la migración, del pasado que los constituye.

Así como la ideología que asumen como estudiantes de artes que intentan estar fuera de la caja donde todos repiten lo mismo.

“Es un cuerpo cultural donde nos entendemos”, manifiesta Arístides Vargas sobre el trabajo colectivo.

Para Vargas, que gradúa a su primera generación de actores, este trabajo se corresponde con una tradición del teatro latinoamericano.

“Siento que una de las pérdidas que se relaciona con la pérdida de la memoria es la pérdida del tejido social que nos conforma, el tejido teatral”, dice Vargas.

Considera que muchas veces las universidades latinoamericanas trabajan con un material formal sin raíz y ese ha sido un mal de América Latina.

Piensa que hay que repensarse desde la forma en cómo se hace teatro en el país.    

“Se trata de ser soberanos sobre nuestro teatro. Mucha veces en Malayerba (el grupo que dirige) sentimos que el reconocimiento es porque nunca pretendimos ser más de lo que fuimos o lo que somos”. (I)  

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