Andrea Camilleri, creador del comisario Montalbano, aún tenía libros en mente antes de morir

- 17 de julio de 2019 - 13:00
El escritor nació en Porto Empedocle, Sicilia (1925) y murió en Roma (2019). Nunca dejó de fumar.
Foto tomada del diario Giornale Di Sicilia

El escritor de novelas negras lamentaba el estado de la política italiana. Estuvo 25 días hospitalizado luego de sufrir un infarto y ni la ceguera de sus últimos años lo alejó de sus lecturas.

El escritor italiano Andrea Camilleri, exponente del noir mediterráneo, ha muerto este miércoles 17 de julio de 2019, con 93 años en el Hospital Santo Spirito de Roma donde llevaba casi un mes ingresado tras sufrir un infarto.

Fue el padre literario del comisario Salvo Montalbano y padecía una ceguera que le impedía leer y escribir sin ayuda de su asistente, Valentina, pero aún “tenía planes y libros en el cajón”, ha contado el periodista Daniel Verdú.

Hace un año y medio, Verdú −quien es corresponsal de diario El País para Italia y El Vaticano− entrevistó al autor de El Olor de la Noche, en su casa del barrio romano de Prati. Entonces Camilleri no había dejado de fumar y confesó que no estaba preparado para la muerte.

Amigo del escritor español Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), el escritor se había basado en su obra y, a fines de 2017, le quedaban aún dos novelas sobre el comisario que creó, entre un centenar de libros publicados.

“Veo que mi escritura ha sufrido con los años una evolución”, le dijo a Verdú. Estoy obligado a reescribir cualquier libro que haya tenido en una caja sin publicar si quiero que vea la luz (...) Una novela de hace 15 años me parece pobre respecto a cómo escribo hoy”.

Cuando iba a cumplir 80 años, publicó la revista El Cultural esta mañana, Camilleri solucionó el final del comisario con la idea de una metanovela. “Antes de arrepentirme, me puse inmediatamente manos a la obra y escribí el libro, que sigue ahí en el cajón, esperando a que yo me haya cansado definitivamente o a que Dios se canse de mí”, bromeaba.

Una semana antes de su infarto, en una charla radiofónica con los periodistas Massimo Giannini y Jean Paul Bellotto en la que presentaba la última novela sobre Montalbano, El cocinero de Alcyon (todavía sin traducción al castellano), el escritor siciliano explicaba: “No le tengo miedo a nada, ni siquiera a la muerte. No me arrepiento, tuve una vida afortunada”.

“Ver a Berlusconi dictando leyes otra vez sería la peor de todas las cosas nauseabundas que podían pasarme a punto de morir”, decía frontal el autor a la vez que consideraba que la izquierda, en Italia, se reproduce como “algunas células, por escisión (...); nos faltan experiencias fundamentales. Nunca ha habido un punto de inflexión, porque el fascismo no fue una revolución”.

El 15 de julio iba a participar en el festival que se celebra en las Termas de Caracalla (Roma) con el espectáculo que relata su autodefensa de Caín. “Si pudiera, me gustaría terminar mi carrera sentado en una plaza contando historias y al final de mi cuento, pasar a través de la audiencia con la coppola en mi mano, como los antiguos narradores orales”, había dicho en varias ocasiones. (I)

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