Mario Bellatin: "Tengo la certeza de que nunca van a salir bien las cosas"

- 08 de mayo de 2018 - 00:00
Foto: Graciela Iturbide

El autor recuerda al mexicano Sergio Pitol, reflexiona sobre su más reciente producción literaria y da pistas de la conferencia que presentará en Quito este jueves sobre Escrituras del siglo XXI.

El peruano-mexicano Mario Bellatin llegará esta semana como escritor visitante a Quito, donde dictará este jueves, a las 19:00, la conferencia Escrituras del siglo XXI en el Centro Cultural Benjamín Carrión. En el mismo sitio y hora, al día siguiente, será entrevistado públicamente por Luis Carlos Mussó.

Autor poliédrico cuya propuesta estética es la escritura por la escritura, reflexiona en esta entrevista sobre la narrativa contemporánea, su más reciente libro y Sergio Pitol, autor fallecido el anterior mes y a quien Mario Bellatin (1960) considera un “monje de la literatura”.

“Bellatin es un autor al que le preocupa la pensar en la escritura desde la escritura misma (como a otros escritores que se han convertido clásicos), de modo que sus textos son a la vez tratados sobre la belleza, retratos descarnados de la humanidad, piezas meta-narrativas que develan su trabajo en el lenguaje, obras que dinamitan la distinción entre realidad y ficción... Hay muchas entradas a una obra tan singular como la de Bellatin. Además, se observa el cambio de un libro a otro. No es un autor que se repite hasta el cansancio con una sola propuesta estética; sino que, por el contrario, su propuesta es la constante búsqueda de belleza, de estética a través del lenguaje, con un claro dominio de lo que desea hacer y cómo impactar al lector”, comentan los escritores Juan Carlos Arteaga y Andrés Cadena, quienes coorganizan la llegada de Bellatin a Quito.

¿De qué forma trastocó su escritura la obra y presencia de Sergio Pitol?

Lo conocí en persona en un buen momento. Su presencia había sido precedida tanto por los autores que había traducido de manera impecable, como por su propia obra. Apareció en mi vida cuando yo pensaba que tenía cierta manera de decir las cosas. Acababa de publicar algunos libros después de Salón de Belleza. Con él descubrí una libertad aún mayor en la escritura. A un monje literario. Me dio el empujón que me faltaba para entender que no existe más límite que aquel que uno mismo se impone, y a tomar cierta distancia irónica, a dudar de las cosas dadas como hechas. En otras palabras, a reírse un poco de sí mismo, y en esa aparente desfachatez encontrar un rigor con respecto a la vida y a la obra mayor que el habitual. Ser solo un vehículo de escritura, lo demás solo comedia de equivocaciones.

En Quito presentará la charla Escrituras del siglo XXI. ¿Es el siglo el que determina ciertas escrituras o es la escritura la que define una determinada época? ¿Cómo caracterizaría esas narrativas actuales?

De ninguna manera están determinadas estas escrituras por el tiempo. El título de alguna manera es solo un punto de referencia. Lo que quiero expresar es el movimiento constante necesario que deben mostrar las escrituras para evitar que se conviertan en terrenos yermos. La característica principal puede ser la ruptura con una tradición a la que supuestamente se debe ser fiel, a liberarse de etiquetas que terminan siendo un lastre. A tratar de situarse en lugares no esperados.

Se repite mucho la idea de que la literatura actual es autorreferencial, fragmentaria, carente de trama y, sobre todo, experimental, una categoría utilizada gratuitamente muchas veces. ¿Siente que es así?

Siento que todas esas categorizaciones son las maneras que se encuentran para llamar de formas, más o menos novedosas, a un modelo que se resiste a arriesgarse en búsquedas propias. Todas las denominaciones que menciona ya se hicieron en los últimos cien años, y no solamente existen sino que la mayoría tiene una calidad mayor que la actual. ¿Cómo medir la calidad en literatura? Se abre tema para un nuevo debate.

¿Qué autores destacaría en ese entramado de narrativas contemporáneas? Pienso en la propuesta de Margo Glantz, por ejemplo, quien es también una buena amiga suya.

Pienso en tres autores, pero únicamente como ejemplo. Dos de literatura y uno de cine: Sebald, Markson, Tarr. Ninguno de ellos comenzó su trabajo en el siglo XXI, pero representan algo de lo que pienso puede ser una guía para entendernos actualmente. Glantz y (César) Aira me parece que continúan de manera lineal cosas que ya se hicieron.

En Carta sobre los ciegos para uso de los que pueden ver vuelve a abordar a seres incompletos como excusa para reflexionar sobre la escritura, la violencia y la ritualidad. Y también se menciona la idea de la escritura compartida. ¿Por qué esa atención?

Una vez más, los hechos narrados son ciertos. No sé si cómo están  planteados, pero se trata de dos experiencias mezcladas que viví hace unos años. No me interesa tanto las características físicas de los personajes como las situaciones, situadas en ese borde de la realidad donde perdemos la conciencia de las cosas. Donde no nos sirven los mecanismos que usualmente empleamos para entender la realidad.

¿Cómo avanza la escritura de su proyecto total, con el cual, según ha dicho, “si sale bien”, será su último libro?

Esa también es una respuesta retórica. Tengo la certeza de que nunca van a salir bien las cosas ¿cómo descubrir algo semejante? En este libro, de nombre Orígenes, voy a tratar de demostrarme a mí mismo que todos los libros que he publicado no se tratan más que de un solo libro, quiero creer que infinito.

¿Qué recuerda de sus últimas visitas a Quito y Guayaquil?

La posibilidad de encontrar el espacio adecuado para que el milagro de la creación se produzca. Un lugar que como muchos necesita  desembarazarse de ideas preestablecidas para saber que lo que estamos buscando ya ocurrió. Cambiar el punto de vista tal vez. (O)

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