El proyecto es uno de los ganadores de los Fondos Concursables que entregó este año el Ministerio de Cultura y Patrimonio

Artistas con discapacidad cuentan su historia

- 16 de octubre de 2015 - 00:00
Más de 60 personas integran los talleres de cerámica, literatura y dibujo que se desarrollan en el MAAC y en el Museo Nahim Isaías, en Guayaquil. José Morán / El Telégrafo

El proyecto es uno de los ganadores de los Fondos Concursables que entregó este año el Ministerio de Cultura y Patrimonio

En un recorrido por el Museo de Arte Antropológico y Contemporáneo (MAAC) más de 20 chicos con algún tipo de discapacidad, junto a sus padres, se cuestionan sobre el origen de la cultura Valdivia.

Johanna es una de ellas. Tiene discapacidad visual y la única forma de aproximarse a una de las culturas de las que descienden los pueblos de la Costa es a través del tacto. Las vitrinas son un impedimento para la forma como asimila el lenguaje y su relación con una expresión artística expuesta en un espacio público.

Alrededor de 60 personas integran los talleres de cerámica, pintura y literatura organizados por Desarrollarte hasta la próxima semana. Estos, según los tutores, se consideran recreativos, por el período corto en que se realizan. El objetivo, según constata César Villacís, el mentor de la organización, es desarrollar la sensibilidad artística de personas con discapacidad de tal forma que puedan empoderarse en espacios abiertos al público y no segregados.

Para Villacís, los gestores culturales que trabajan con personas con discapacidad llevan una labor “de puertas para adentro”. Considera que la lucha para visibilizar el trabajo y talento de personas con discapacidad es con lo social, “tratar el tema como grupo es llenar ese vacío y tratar que estos jóvenes que de pronto tienen una proyección artística se desarrollen”, explica Villacís.

“La palabra maravilloso existe, la palabra feo no existe, la palabra no puedo no existe, ustedes se expresan como quieran hacerlo. Empiezan a trabajar”, dice Manuel Benites en el taller de literatura, antes de que los estudiantes inicien el trabajo sobre el papel, contando su propia historia.

Benites resalta que este curso es para identificar objetos, recursos, temáticas y que a partir de ese conocimiento los alumnos puedan reforzar otros procesos de aprendizaje y contar su propia historia.

“No vamos a crear a Shakespeare. Este festival de arte quiere demostrar que se puede hacer inclusión entre distintas capacidades. Estamos trabajando con jóvenes y es un reto en cómo transmitir la información. Que ellos logren construir su propia historia. Sabemos que hay limitaciones y en el proceso tienes que ser rápido, claro y repetitivo. El material permite que puedan recordar sobre el ayer y el hoy”, explica Benites.

El trabajo de estos artistas con personas con discapacidad está focalizado en las emociones y reforzar sensibilidades motrices para materializarlas, agrega Rosario Abedrabbo, quien guía a los talleristas en escultura.

Vicente Ramírez resalta que el trabajo es focalizado, direccionando a cada uno. Desarrolla sensibilidades y el goce no está en el trabajo final, sino en el proceso.

“Encuentro destrezas increíbles, la creatividad es inimaginable. Pienso que no existe la discapacidad, más bien son capacidades diferentes que se deben desarrollar”, dice Ramírez.

Villacís hace hincapié en que la inclusión de personas con discapacidad en espacios artísticos no significa visibilizar a estas personas como “pobrecitas, hay que darles posibilidades. La idea es que ese derecho se mantenga en la sociedad, pero que nosotros nos ganemos ese derecho”, indica. (I)

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