Andrés Ocazionez: “El psicoanálisis es una forma de escritura”

- 28 de mayo de 2018 - 00:00
Andrés Ocazionez, psicoanalista colombiano graduado de C.G. Jung Instituto en Zúrich.
Foto: Cortesía de Andrés Ocazionez

Su trabajo se enfoca en la epistemología psicológica profunda y en las herramientas tecnológicas en la psicoterapia. Trabaja con escultura, poesía e ilustración digital. Su tesis The Psychology of Analytical Training, fue cum laude por la Universidad Complutense de Madrid.

En 2012 se inauguró en Zúrich Still Point Places el primer centro abierto de psicoanálisis en Alemania. Al día, el espacio ha abierto sedes en Berlín, Londres y París. Su propósito es desmitificar la idea del psicoanálisis como práctica de rincón, derribar las paredes del consultorio y mostrarle a la ciudad que todos los lenguajes terapéuticos son validos cuando se trata de explorar el “yo”.

Para entender el por qué de este resurgimiento del psicoanálisis como práctica terapéutica y en qué consiste, EL TELÉGRAFO conversó con Andrés Ocazionez, analista graduado del C. G. Jung Institute en Zúrich y una de las voces —o los oídos— que conforman el centro psicoterapéutico.

¿Quiénes acuden al psicoanalista?
Creo que existe algo, y esto es algo que comparten mis pacientes, que puede denominarse como una enfermedad del alma. El motivo principal es el sufrimiento. Pero no cualquier sufrimiento sino un dolor que no se soluciona con las cosas habituales, como más amor o dinero, o un buen amigo o cosas que se reparan en la familia. El tipo de sufrimiento al que me refiero se parece a los juegos en los parques recreativos donde hay un topo y uno le pega en la cabeza y lo hunde, pero el topo vuelve a salir. Es un problema que reaparece como un fantasma y para muchas personas hablar de ese fantasma es el último recurso.

Nosotros, a veces, cargamos con cosas que le contamos a los amigos, los amantes... pero estas cosas parecen estar en un estado sólido, parecen no cambiar y cuando se las contamos o confesamos a estas personas su escucha está determinada por el tipo de relación que nosotros tenemos con ellas.

Un padre escucha como un padre y un amante como un amante. Hay, entonces, un tipo de expectativas en la comunicación y una cierta manera en la que editamos nuestro discurso para hablar con ellos. Cuando yo le llevo este objeto de interés al sicoanalista hay una posibilidad de escucha que es diferente porque como el paciente no conoce al analista, no sabe que quiere, que busca, pues esto le da permiso al paciente de hablar de esas cosas internas, dejarlas salir sin ser editadas. Eso creo que tiene un efecto muy importante.

¿Es la función del psicoanálisis curar al paciente?
Freud le llamaba a las expectativas del psicoanalista de curar “furor curandis” y para él esto era lo primero de lo que el analista debía deshacerse. En la sicología Jungiana el objeto de estudio no es necesariamente el individuo, sino el alma. Jung no descartaba un discurso psicótico como algo inválido. Por el contrario, siempre intentó profundizar y adentrarse en el espacio de lo desconocido para entenderlo.

Para Jung el objetivo no era la adaptación del paciente sino la observación del síntoma. Una adaptación temprana puede causar que el paciente pierda algo importante de sí mismo. En la sicología Jungiana se busca hacer alma, lo que significa abrir espacios para que el mundo interno del paciente, es decir, todo aquello que se ha convertido en un fenómeno psicológico tome su propia voz y se desenvuelva libremente.

El psicoanálisis busca abrir un campo para que los objetos psicológicos, aquello que ocupa la mente del paciente, muestre libremente de qué se trata o qué quiere. Indirectamente esto tiene beneficios terapéuticos. En lo personal yo tengo una idea de qué es lo que es vivir bien. Pero en la silla del sicoanalista se debe evitar volver eso un parámetro para medir al paciente.

El concepto de la cura en el sicoanálisis no es concepto cerrado. Este se reinventa en cada sesión. El sicoanalista no es un sanador, uno no puede sanar a otra persona. Pero sí creo que la mente se puede ver a sí misma y entenderse de diferentes maneras. A esto podríamos cuidadosamente decirle cura.

¿Cuál es entonces el rol del analista?
Mi interés es resonar con el paciente y ver qué es lo que sucede en el espacio de esa resonancia. Hay que dejar a un lado la suposición de que todos enloquecemos de igual manera. Con cada paciente hay que volverse a inventar el alfabeto y la definición de paciente, de analista, de ayuda, de cura… Es decir, el rol del analista varía en la terapia. Muchas veces el analista es solo una voz externa o un escucha. Pero el psicoanálisis requiere que se desarrolle un vínculo íntimo entre el paciente y el analista. La tarea del jungiano es aprender el lenguaje interior del paciente pues es en la resonancia entre el analizando y el analista donde las cosas se vuelven explícitas.

¿Cómo se ubican los sueños y su lenguaje en el consultorio?
El interés por los sueños es una característica humana, podemos verlo ya presente en la Biblia, en los cuentos de hadas, en comunidades iniciáticas. En la cultura occidental el sueño ha sido un paradigma importante en el ejercicio de entender la mente. El romanticismo tuvo un rol importante en este proceso de integración del sueño al psicoanálisis. El sueño se empezó a utilizar como un “psicoscopio” (un caleidoscopio para mirar la mente). Freud y Jung tenían mucho de romanticismo. Para Freud, el sueño teje cosas, las expresa y simultáneamente las esconde.

El psicoanálisis busca pensar en cómo se ubica el sueño en la vida diaria, en ese evento que es de la vida pero que, al mismo tiempo, no tiene nada que ver con la vida. Creo que el sueño es el paradigma de lo psíquico. Lo que sucede en el sueño es al mismo tiempo algo absolutamente íntimo porque el sujeto se reconoce en ciertas dinámicas del sueño y, sin embargo, algo totalmente extraño pues el sujeto no es quien escribe o compone el sueño de manera activa. El sueño es propio y otro. La mente es teórica y nuestros sueños son una tesis acerca de lo que significa ser un ser humano o de lo que significa vivir en el mundo. Un sueño es en sí ya una interpretación del mundo.

¿De qué manera es el lenguaje una herramienta terapéutica?
En el psicoanálisis todo sucede a través de la palabra. El lenguaje es la herramienta a través de la cual se trabaja en el consultorio con el mundo interno. El psicoanálisis podría entenderse, quizás, como una forma de escritura. Pero en esta forma de escritura, la tinta, la caligrafía y el tema están dados por la situación sicológica con que se está trabajando. Uno escribe para eso y se pone al servicio de eso. Es una escritura de ecos y reflejos.

El psicoanálisis podría también entenderse como una forma de escritura pues el decir, el hablar, ayuda a reescribir el pasado de la persona. Es interesante pensar en lo que sucede cuando el paciente le cuenta algo al sicoanalista. La memoria no es un museo, es al contrario muy creativa. Cuando hablamos del pasado se rehace el pasado mismo y este ejercicio de reescribir el pasado también abre la puerta a tener nuevos futuros.

En el consultorio el paciente tiene la oportunidad de confrontarse con el hecho de que él es autor de su vida, de que llevamos toda la vida escribiendo nuestra vida y que en un momento nos quedamos enfocados en una sola narrativa o en un solo género literario y podemos llegar a creer que eso es lo nuestro y que no hay más alternativas. (O)

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