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Los dulces granos les sirven de sustento a Ana Caiza y su familia

Los dulces granos les sirven de sustento a Ana Caiza y su familia
Foto: Víctor Haz / El Telégrafo
16 de agosto de 2019 - 00:00 - Víctor Haz. Coeditor de Séptimo Día

Llegó hace diez días al cantón Yaguachi. Y lo hizo con el mismo objetivo que tienen los demás comerciantes que aprovechan las fiestas patronales de San Jacinto: vender sus productos y artesanías.

Desde su natal Riobamba Ana María Caiza Lobato arribó con un cargamento de golosinas que ella misma elabora: doce bultos con arroz, maíz y trigo dulce inflado y de llamativos colores que ella aprendió a producir hace 12 años.

Para traer el cargamento se valió de una camioneta cuyo conductor le cobró $ 40 por el viaje; “me salió un poco más caro que el año pasado”, dice, pues recuerda que para las pasadas fiestas el flete le costó $ 30.

Con 70 años a cuestas ella es el sustento de su ahora corta familia, compuesta por su esposo y una hija soltera (tiene otros dos hijos, pero ellos ya se desligaron hace algún tiempo para formar sus propias familias).

Y trabaja porque, según relata, su cónyuge hace ocho años quedó imposibilitado de caminar, a raíz de un accidente de tránsito, y desde entonces está bajo el cuidado de ella y de su hija.

Desde que está en Yaguachi pernocta con otros comerciantes que le facilitan un espacio en sus puestos instalados en la acera cercana al parque central; se despierta a las 07:00, toma una carretilla y coloca cuatro bultos con sus atractivos productos y recorre en busca de algún curioso visitante que quiera deleitarse con estos manjares.

“Yo misma los preparo, cocino los granos en una paila industrial que compré hace años, cuando están inflados les echo azúcar, para el arroz; y panela, para el trigo y maíz”, comenta. Cada fundita cuesta $ 1 y espera vender todo lo que trajo hasta el domingo 18 de agosto de 2019 en que se terminan las fiestas.

No tiene puesto fijo, las autoridades municipales le cobran $ 4 diarios por su venta ambulante. No tiene una hora para culminar su jornada; ella se retira cuando sienta que su cuerpo, azotado por el paso del tiempo, le diga “basta”. (I)

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