Los deportistas madrugadores le dan vida a La Carolina

- 21 de abril de 2018 - 00:00

Es lunes, el reloj marca las 05:00, el color del cielo es gris y el frío (9°C) se siente en la cara y en las manos. Eso no es impedimento para que Fernanda Dávalos, Andrés Montenegro y Gladys Simbaña lleguen al parque La Carolina, en el norte de Quito y se unan a un grupo que a esa hora trota por uno de los bordes del ese espacio verde.

Aunque llueva, truene o relampaguee el grupo de deportistas aficionados llega “religiosamente” al lugar cuenta Simbaña. Desde hace dos años ella se ejercita una hora diaria de lunes a viernes. Inicia a las 05:00 y concluye a las 06:00. Para ella y para Montenegro la actividad física les proporciona energía para enfrentar el día.

Dávalos se despierta a las 04:50 y antes de salir a hacer deporte deja preparada la lonchera de su hija y el desayuno de su esposo, a quien lo deja dormido aún. Y a las 05:30 ya está lista, junto con un grupo de atletas. Los cerca de 30 integrantes del grupo siguen las indicaciones de su entrenador Carlos Peralta. Para iniciar la jornada lo primero que se debe hacer es el calentamiento.

El grupo hace cuclillas, sapitos, alzan los brazos y los vuelven a bajar, giran de derecha a izquierda y saltan en el mismo lugar. Después de 30 minutos, el entrenador les dice que están listos y es hora de iniciar el trote. La ruta diaria inicia en la Cruz del Papa y recorren,  tres kilómetros, por los alrededores de las canchas del parque.

El trote no lo hacen solos, desde hace un par de años, cuentan con una singular compañera: se trata de Michel, una perrita mestiza de color negro y de largo pelaje que, según dicen, participa con ellos en sus recorridos. A pesar de que nadie se lleva a Michel a su casa, todos los días la mascota recibe cariño y alimentación de los integrantes del grupo.

Es una más de nosotros, comenta Dávalos. Luego de correr durante 45 minutos, el grupo baja el ritmo para empezar a caminar, así van dejando que el cuerpo descanse y se acople al clima. A las 06:15 ya se sienten los primeros rayos del sol y más gente llega al campo. (I)

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