El cambio de horario se siente desde el primer día en Beijing

- 12 de mayo de 2018 - 00:00

El apetito y el sueño varían al pasar por tres continentes en 21 horas de vuelo. La información sobre derechos y políticas migratorias es fundamental antes de viajar a China.

El viaje a Beijing desde Guayaquil con una escala en Ámsterdam es agotador (una sola parada). Son 11,30  horas sentado en el primer tramo, por lo que es aconsejable llevar una buena almohada para el cuello para aplacar en algo el dolor de espalda. Ya en la nave el estrago se siente más a las pocas horas. Un secreto para mitigarlo es separar con tiempo los pasajes y obtener los puestos que están cerca del baño y del lado del pasillo, para movilizarse con más facilidad en cualquier momento.

Las películas que se observan en la nave no logran calmar las ansias de llegar al país asiático y para que esas otras 9,30 horas sentado concluyan.

Al llegar el sol y el clima de Beijing en mayo hacen sentirse como en Guayaquil, pero con una brisa parecida a la del Malecón 2000 y sin tanta humedad. La camiseta es la mejor prenda que se puede usar. Los árboles que escoltan su amplia pista hacia el centro son tan verdes como el mangle del estero del puerto principal.

No hay baches en el trayecto ni el cielo está nublado con polución, a las 09:00, en la ruta noreste – centro, donde están embajadas, bancos y edificios estatales.

El tránsito es lento por la gran cantidad de coches (parecido a Quito). Una carrera de un taxi del aeropuerto al centro llega a los $15 aproximadamente (una hora de trayecto).

En Beijing para mitigar la contaminación se aprecian vehículos eléctricos y hay ciclovías. También incentivos para emplear el transporte público (las personas que pagan con tarjetas -como la Metrovía- cancelan 50% menos que aquel que lo hace con efectivo).

El sueño, por el cambio de horario, sigue siendo un problema en el primer día. Cuando llega la mañana a Beijing -noche Ecuador- tendrá cansancio extremo. Si descansa se levantará a la media noche en China -mañana en nuestro país- y puede pasar en “vela” el resto de la madrugada. Y, finalmente, es probable que no se acuerde que tenía que comer. (O)

Jimmy Tapia Borja
Editor de Sociedad, enviado a China

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