Hermanos y compañeros de aula

30 de agosto de 2015 00:00

Llevaban uniformes diferentes; ella vestía con la típica falda a cuadros —2 dedos por debajo de la rodilla— y el clásico saco de cuello en V; él, un pantalón azul oscuro con la camisa blanca, bien planchada. Aunque son hermanos no asistieron al mismo colegio. Fue una decisión que tomaron sus padres.

Karla Castro y Jaime, su hermano, estudiaron en diferentes colegios religiosos. En lugar de optar por un plantel educativo mixto, sus progenitores prefirieron que cada uno se educara en centros formativos diferentes: uno solo para mujeres y otro solo para hombres. Ahora que cursan la universidad han pensado que por cuestión de logística, es más sencillo concurrir a la misma institución. “Muchas veces nos atrasábamos al bus y cuando esto pasaba era un relajo, porque mi madre tenía que dejarnos a cada uno. El asunto es que los colegios donde estudiábamos no estaban muy cerca”.

Los padres de Karla no eran partidarios de que compartan el aula con estudiantes de otro sexo. Esa fue la razón por la que no concurrieron al mismo plantel. A ella aún le cuesta entender este rechazo a los colegios mixtos.

Comenta que si alguna vez tiene hijos, los inscribirá en un colegio donde asistan niños y niñas. Su caso no es ni será el único; son muchas las familias que tienen 2 o más hijos y que deciden matricularlos en centros educativos distintos. Hay quienes cuestionan esta decisión, porque creen que todos deberían ir juntos porque es más cómodo y todo se facilita. Pero hay quienes insisten en que es vital garantizar la individualidad.

Al separarlos —dicen algunos psicólogos— aprenden a ser independientes y más sociables, pero hay otros que aseguran que no es necesario forzar esta aparente ‘independencia’ en los hijos, porque tienen toda una vida por delante para aprender a ser autónomos.

En especial, en la etapa de la adolescencia surge la necesidad de separarse de los hermanos, porque cuando asistieron juntos a la misma escuela, uno siempre dominó al otro y solían tener peleas continuas.

La psicóloga Lucía Noboa considera que en la vida hay que ser prácticos y por eso sugiere que los hijos asistan al mismo colegio, incluso, porque pueden apoyarse entre ellos, cuando la situación lo requiera.

Quienes defienden la individualidad, aseguran que cuando se educan en planteles diferentes, es posible evitar las comparaciones entre ellos con relación a su rendimiento escolar. Para la psicóloga hay que tener cuidado de las instituciones educativas donde los profesores suelen hacer estas comparaciones.

“Cada persona tiene una habilidad única y especial; si el uno sobresale en un área, el otro también lo hará”. Noboa apunta que algunos adultos emplean las comparaciones para estimular al ‘menos exitoso’.

También en las aulas, muchos profesores utilizan este recurso para animar a un niño a cumplir determinada actividad o a comportarse de cierta manera. “¿Por qué no puedes ser como tu hermano o hermana?”, es una frase que se escucha en el aula.

Las comparaciones fomentan la competitividad entre los niños. “Se los anima a que se unan a la carrera de la vida, a que sean los primeros y no se queden atrás, pero esto puede ser nocivo, porque el mensaje que se intenta transmitir es: “Observa a tu hermano para que puedas alcanzar lo que él ha logrado”.

Sandra Torres cuenta que aunque sus hijos estudiaron varios años en el mismo colegio, tuvo que cambiar a uno de ellos de plantel educativo porque nunca se adaptó al sistema.

“Mis hijos eran muy diferentes. El primero es estudioso y dedicado; el otro menos, pero tiene otros talentos. La exigencia en el estudio terminó por estresar tanto a mi segundo hijo que incluso se enfermó”, explica. Fue por eso que decidió cambiarlo de institución educativa. Ahora los 2 estudian en instituciones diferentes.

Lucía Noboa indica que la decisión de matricular a los hijos en uno u otro colegio, solo le corresponde a los padres quienes se ven abocados a separarlos cuando uno de los 2 presenta características especiales, por ejemplo, en los casos de los niños o niñas hiperactivas, con problemas de aprendizaje o que tienen síndrome de Down.

De hecho, una de las decisiones más difíciles a las que se enfrentan los padres es la inserción de ellos en los establecimientos educativos regulares. Uno de los objetivos de la educación inclusiva es lograr que los niños que tienen alguna discapacidad consigan una autonomía personal que, además, les permita alcanzar el mayor grado de independencia posible y así consigan alcanzar sus metas.

En ese caso, el mayor problema es seleccionar en qué escuela se podría llevar a cabo la inserción de manera adecuada, porque no se trata de hacerlo solo para ver cómo le va. El objetivo —precisa Noboa— es que se le brinden todas las facilidades para que los hijos puedan desarrollarse de manera idónea en el centro educativo y para ello este tiene que disponer de las metodologías adecuadas.

¿Y los hermanos gemelos?

Cuando se trata de hermanos gemelos, el problema no es menor. Los psicólogos coinciden en que separarlos los ayuda a formar mejor su identidad. Existen casos de gemelos a los que les cuesta más separarse porque, de algún modo, viven en una relación de dependencia; el uno necesita del otro, pero siempre habrá un hermano dominante que marque el camino, mientras que el otro necesita seguirlo.

En estos casos, lo más beneficioso, como señala la psicóloga Paola Erazo, es que los hermanos estén en clases separadas, porque el hermano más dependiente tendrá que aprender a desenvolverse por sí solo.

Al mismo tiempo, el hermano dominante se verá forzado a abrirse con otros niños y no tener que estar al cuidado de su hermano.

En Estados Unidos, incluso hay algunas leyes sobre la escolarización de mellizos, gemelos y trillizos, porque, en realidad, son pocos los colegios los que están dispuestos a analizar cada caso de manera particular.

De acuerdo con las normas estadounidenses, muchas de ellas impulsadas por los propios padres, se mantendrán a los gemelos en la misma aula de clases cuando hayan sido diagnosticados con una depresión clínica, precisamente después de haber sido separados en clase.

También está el caso de los pluriempleados que pagan un colegio privado y que piden que se respete su voluntad de que los niños —gemelos, mellizos y trillizos— se encuentren en la misma clase.

Según el diario español El País, son los padres quienes conocen mejor a sus hijos, pero, al mismo tiempo, son los docentes los que mejor conocen sobre pedagogía.

Entonces, en estos casos, ¿quién debe decidir si los hijos de partos múltiples deben o no estudiar juntos? En las redes sociales se han publicado algunas de las razones que tienen los padres para que sus hijos estudien en la misma aula de clases. “Aprenden lo mismo y al mismo tiempo; es lo más conveniente para organizar la logística de la familia; permite a los adultos involucrarse más en la comunidad escolar: un gemelo puede hundirse por necesitar al otro.

Además, si no son competitivos, pueden canalizar como algo positivo estar juntos, y a algunos gemelos la ausencia de su hermano puede impedirles concentrarse en clases. Mientras hay padres que defienden que las decisiones sobre este tema deben basarse en los vínculos y en las emociones, hay psicólogos que sostienen que lo útil para siempre será la independencia.

En algunos países europeos algunos docentes recomiendan retrasar esta decisión de separarlos de aula hasta cuando tengan al menos 6 años, porque a esa edad ya tienen una identidad. Aunque los gemelos sean idénticos, desde el punto de vista genético, no significa que su evolución académica sea pareja.

De hecho, uno de los 2 tendrá mayor habilidad para aprender otro idioma o mayor destreza con las matemáticas. En realidad, es el ambiente el que también influye en las destrezas y gustos de los hijos y son los profesores, sin importar el colegio en que se eduquen, los que sabrán identificar esas preferencias.

Testimonio

“Eduqué a mi tercer hijo en un colegio diferente por cuestiones económicas”

Con mi esposo, quisimos que nuestros 3 hijos se educaran en el mismo establecimiento educativo. Era una cuestión que ni siquiera discutimos antes de inscribirlos en el mismo colegio que, además, estaba cerca de donde vivíamos. Los primeros años transcurrieron sin mayores inconvenientes, hasta que nuestra economía se debilitó. Los 2 primeros estudiaban en un colegio privado, cuya pensión era alta, pero mi esposo se quedó sin trabajo y mi sueldo no alcanzó para cubrir los gastos de los 3 en el mismo plantel. Por cuestiones económicas, sacrificamos a mi tercer hijo, porque los 2 primeros ya estaban por graduarse. El tercero fue a un colegio menos costoso, pero con un nivel educativo bastante exigente. Se adaptó muy rápido y le encantó la institución. Nunca nos ha reclamado porque no estudió en el mismo plantel que sus hermanos. Paty Pérez.

Decisiones

Para enfocar bien la elección del plantel educativo, antes que pensar en el mejor colegio hay que preguntarse si es el mejor para su hijo. El que sean hermanos no garantiza que se adapten de la misma manera.

No hay que olvidar que el plantel educativo proporcionará al alumno calidad de vida y autonomía. Por eso, el horario lectivo, el desplazamiento hasta el centro o las actividades extraescolares facilitarán descanso, tiempo de estudio y de ocio.

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