La verdad sea dicha, no se podría esconder el hecho de que el boom culinario está en su apogeo, y como todo proceso progresivo, tiene sus fases, sus tendencias, sus momentos que dejan huella, sus novedades, sus descubrimientos, sus evoluciones, su practicidad y su contraste novelesco, sus pasiones, sus virtudes, sus pecado... en fin, sería tema de grandes alcances el describir un oficio de artistas extravagantes como somos los cocineros con palabras de un artista de las letras, pero posible, y muy atractivo.
Y será quizás porque las artes en sus diferentes prácticas multidisciplinarias se han venido a conjugar de tan variadas formas que hace imposible pasar por alto precisamente esta parte dentro de nuestra profesión ligada tan íntimamente con generar placeres y evocar sensaciones que traspasen fronteras tangibles e intangibles y transporten al comensal a momentos, lugares o recuerdos, donde solo esa persona tiene el poder de vivir a su máxima expresión. Es como ya lo han etiquetado anteriormente de manera muy acertada y pintoresca, “momentos mágicos”.
Recordar placeres palatables que en su momento tuvieron gran impacto es algo que a todo cocinero que mantenga viva su pasión ha llevado a remontarse, a ingeniar, a crear conceptos y dar vida a nuevas tendencias e incontables nuevos placeres.
Pasando por los festines romanos, los elegantes y elaborados montajes franceses y los estilos modernos cada vez más personalizados desde el autor hasta el comensal, se ha ejecutado con la máxima fuerza aquel sugestivo dicho popular que sugiere que ‘la comida entra primero por los ojos’. La necesidad de una armonía, de una sensación agradable y excitante previa a la ingesta es imperativa.
Es por eso que se han generado tantas tendencias dentro del arte culinario que es imposible entrar en detalle de cada una, pero puedo hacer mención de las que están en boga como los montajes expresivos, rústicos, excéntricos, sofisticados, abstractos, minimalistas, complejos, presentaciones dentro del marco de un plato y en sus bordes, con alturas integradas y separadas, composiciones y desconstrucciones; tenemos también salseados complejos que inyectan vida con colores, olores y texturas que sin duda son el alma de una creación culinaria; tenemos tendencias como montajes arquitectónicos complejos y que juegan mucho con elementos en balance físico, otros con una evocación sensual o también erótica, sutiles y armoniosas obras de arte que transfieren emociones del autor al comensal, montajes infantiles y complejas construcciones que colocan un exponente superlativo a la pieza de arte culinario que a la par de una obra de arte pictórico, su idea, intención y potencial, se percibe al evocar emociones, experiencias sensoriales intensas y transcendentales, pero ingeribles y al alcance de nuestro tenedor.
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