San Lorenzo y su abandono

- 02 de junio de 2018 - 00:00

Uno de los pueblos más pobres de Ecuador es San Lorenzo, en Esmeraldas. Los pueblos fronterizos se han mantenido abandonados por las autoridades ecuatorianas y, por Dios, desde tiempos inmemoriales. Parecería no importar su depauperación.

Todos ellos viven la tristeza y desesperanza del abandono. Hoy es más importante la inversión extranjera de las grandes empresas, para felicidad de accionistas, gerentes y presidentes de ellas, que la tranquilidad, no digamos la felicidad (que sería mucho pedir), de los misérrimos pueblos fronterizos.

Las figuras políticas, algunas de las cuales son también figuras empresariales o bancarias, se hallan satisfechas de la nueva política económica, y pronto lo estarán más cuando se inicie el proceso electoral. Pero estos pueblos seguirán en la pobreza porque nunca fueron importantes electoralmente.

Quizá donde no llega la razón podría llegar el arte, pero ciertos novelistas y poetas se han vuelto difíciles de entender y parecen haber perdido su norte. Quizá los poetas regresen los ojos y oídos a Nicolás Parra para que abran nuevos caminos, no solo para liberar las reglas de la lengua, sino para sentir y escribir, libremente, sobre la equidad y la justicia como anhela la gente sencilla en su vida cotidiana.

Y la Iglesia, en silencio. El clero, preocupado por la salvación de las almas. El escritor británico George Orwell (El Tiempo, Cuenca, 16/04/18) dice que “es poco probable que la humanidad pueda salvaguardar la civilización, a menos que pueda evolucionar en un sistema de bien y mal que sea independiente del cielo y el infierno”. Sistema que debe estar bajo responsabilidad de un Estado defensor de la igualdad y los derechos, que no disminuya su tamaño (como quiere la derecha para favorecer la actividad privada). 

Un Estado que fortalezca lo público en educación, salud, vivienda, bienestar social. Que apoye la empresa privada, pero no manejada solo con criterios de ganancia. Un Estado con clara política social y económica para atender a los compatriotas de San Lorenzo y otros pueblos fronterizos que esperan, porque la espera es esperanza. (O)

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