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Ecuador/Vie.23/Jul/2021

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Mónica Mancero Acosta

Cuando se silencia una radio

10 de junio de 2020 00:00

Cuenca vive una especie de trauma social, ha cerrado la emisora más antigua y tradicional de la ciudad y región: Ondas Azuayas, con 72 años de trayectoria. La ciudad y quienes pertenecemos a ella, lo estamos viviendo como un verdadero luto.

Este sentimiento no es gratuito o viene por sensiblería, está fundamentado en el despliegue de un profesionalismo riguroso; de programas pertinentes a la problemática local y nacional; de su valentía al haber enfrentado a gobiernos autoritarios en diferentes momentos políticos; de poner por delante valores no transables como la defensa de los desprotegidos, del medio ambiente, de la democracia, de la pluralidad.

La asfixia y persecución a la que fue sometida la radio en la década anterior, sumado a los cambios irreversibles que acarrea el inmediatismo noticioso de internet, ha pasado una factura en el momento menos oportuno, en medio de este semiencierro y sentimiento de vulnerabilidad en la pandemia. Muchos crecimos acompañados de las voces de Ondas Azuayas, y lo que penetra por el oído genera una lealtad a toda prueba; por ello decimos que se va en el momento menos oportuno. Un sentimiento de desprotección nos invade las mañanas cuando vamos a encender la radio o a sintonizarla por internet, quienes vivimos lejos.

Fui entrevistada en algunas ocasiones en esa radio, en calidad de experta en algún tema se me hicieron preguntas informadas y rigurosas; en cambio, cuando fui brevemente funcionaria pública, las preguntas fueron duras y sin concesiones. Durante ese período me hicieron entrevistas en un sinnúmero de medios, debo decir que no hubo la misma rigurosidad de contar con datos, contrastar opiniones, como lo hizo esta emisora. Así trabajaba Ondas Azuayas.

Cuenca considera esta emisora como parte de su patrimonio, se convirtió en un bien público social, por ello muchos ciudadanos nos preguntamos si acaso no corresponde asociarse entre los “perjudicados” para buscar salidas colectivas, y que esto solo sea, como dice el eslogan de la propia radio, “Llegar y comenzar de nuevo”. (O)

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