“No amo mi patria”

- 10 de octubre de 2019 - 00:00

En estos días aciagos para el país, a veces, la poesía nos puede devolver el aliento. Pero también nos interpela. Así es -escrito para esta tierra de volcanes telúricos- un pequeño texto de Henri Michaux: “El que no ame las nubes que no vaya a Ecuador”.

Y, claro, está el potente poema “Catedral Salvaje”, de César Dávila Andrade: “¡Todo ardía bajo los despedazados cálices del sol! / ¡Las infinitas grietas corrían como trenzas oscuras / sobre los bloques poderosos en que respira cada siglo el Cielo!”.

Fue el mismo bardo quien en Boletín y elegía de las mitas nos restregó en la cara la situación de los excluidos: “Yo soy Juan Atampam, Blas Llaguarcos, Bernabé Ladña, / Nací y agonicé en Chorlaví, Chamanal y Tanlagua, / Sí, mucho agonicé / Sudor de sangre tuve en mis venas / Añadí así más dolor y blancura a la cruz que trajeron mis verdugos”.

“Ecuatorial, ecuatorial, ¿recuerdas / tu sudor, el pie perdido / en la noche resbalosa de la víbora?”, escribió Jorge Enrique Adoum en Los cuadernos de la Tierra.

Pero los poetas de otras latitudes, como el mexicano José Emilio Pacheco, nos legaron “Alta traición”: “No amo mi patria. / Su fulgor abstracto es inasible. / Pero (aunque suene mal) / daría la vida/ por diez lugares suyos, / ciertas gentes, / puertos, bosques de pinos, fortalezas, / una ciudad deshecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia / montañas / (y tres o cuatro ríos)”.

En una entrevista, el escritor nos da pistas: “Hoy sabemos que todo texto nace de otro texto. Los orígenes de ‘Alta traición’ están por partes iguales en mi experiencia íntima e insustituible (los ‘puertos’ son Veracruz, Coatzacoalcos, Campeche; los ‘bosques de pinos’ los que rodeaban en mi infancia a la ciudad de México y ahora han desaparecido o se hallan en agonía”.

Porque, más allá de las circunstancias actuales, está una geografía que, además de dolernos, nos da también esperanza. “Ecuador, tierra de cóndores y alacranes / si alguna vez fui feliz / lo saben tus caminos / perdóname país de bruma / pero esta noche te lloro de alegría”, escribí en un tiempo que ya he olvidado. (O)