Para acabar con el califato del mercado

- 14 de junio de 2015 - 00:00

La discusión entre el Gobierno griego y los responsables por las políticas de austeridad en Europa resume los dilemas de la humanidad en el nuevo siglo. De un lado de la mesa, la defensa en contra de la masacre humanitaria que ha sido impuesta al pueblo griego -especialmente a sus sectores más frágiles: los más pobres, los ancianos, los niños, las mujeres-, del otro, los que responden por los dictámenes del mercado.

Ya van algunas décadas que se ha impuesto la centralidad del mercado. Se volvió al culto de que la mano invisible de la ley de la oferta y la demanda debiera decidir los destinos de la humanidad. Ese genial engendro liberal sirve como pretexto para que las personas renuncien a conducir el destino de la humanidad. Bastaría con que cada uno buscara satisfacer sus necesidades individuales para que, como por arte de magia, se generara no solo el progreso, sino también una adecuada y justa distribución de la riqueza.

Ese cuento de hadas, que ya había conducido a la humanidad a su peor crisis económica, en 1929, volvió para reordenar un mundo desviado por intervenciones estatales, derechos y soberanía. La lógica de los mercados por encima de las necesidades de las personas, esto es lo que está en juego en las negociaciones entre el Gobierno griego y los que hablan en nombre de la troika.

¿Puede la humanidad asistir pasivamente a esas negociaciones en que el poder del dinero pretende imponerse sobre lo que el pueblo griego necesita? ¿Hasta cuándo algunos gobiernos seguirán pretendiendo hablar en nombre de la humanidad, mientras buscan imponer los intereses del capital especulativo sobre el 99% de la gente?

Sin embargo, los medios intentan mostrar como una contraposición la racionalidad económica y el despilfarro de la gente. Los garantes de la austeridad hablan como si representaran un modelo de éxito, que ha sacado a sus países de la recesión, con menos pobreza, menos exclusión social, con gobiernos que disfrutan de gran apoyo popular.

Sin embargo, no logran sacar a una de las regiones más ricas del mundo -Europa- de una crisis profunda y prolongada, con sus recetas de austeridad y más austeridad. Mientras que gobiernos de América Latina, después de sufrir la crisis de la deuda, dictaduras militares y los más radicales gobiernos neoliberales, logran retomar el crecimiento económico, disminuir las desigualdades y conquistar la estabilidad política. Es desde ese punto de vista que Grecia resiste a las ofensivas depredadoras del capital especulativo.

Lo que Grecia -y todos los países en crisis- necesita no es austeridad, sino un acuerdo nacional por retomar la senda del desarrollo, con generación de empleo y distribución de renta. Para ello, no tiene que mirar hacia Berlín, sino hacia América Latina. Para acabar con el califato del mercado, antes de que este termine con lo mejor que Europa supo construir, su Estado de Bienestar social. (O)

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