Corrupción

- 25 de junio de 2020 - 00:00

La corrupción se ha convertido en el tema de mayor preocupación y que ha dado lugar a varias discusiones desde diferentes perspectivas en gran parte del mundo y principalmente en nuestra región. Se trata de uno de los problemas más complejos y acuciantes de nuestros tiempos. La corrupción es una epidemia de las más costosas que repercute en gran parte de la actividad de los seres humanos.  Así como con el covid-19 no se encuentra todavía la cura para este mal, tampoco para la corrupción en nuestros Estados.

La ética pública es más hablada, estudiada, publicada que practicada. En particular considero que no hay forma de erradicarla que no pase primero por terminar con la impunidad y la divulgación de los valores y principios éticos que deben regir al actuar de los individuos, pero especialmente el de los servidores públicos y gobernantes. La ética y la moral es uno de los temas fijos de la filosofía.

Aristóteles hace 2.400 años nos señaló que la condición natural del hombre es la vida en comunidad por lo que es necesario que desarrolle un control de sus instintos por medio de los principios y los valores. Por lo visto el control de los instintos de ese ser humano está lejano en el manejo de los recursos de los Estados actuales.

El principal objetivo del Estado moderno, por lo menos como principio, es lograr el bien común, el bienestar social, y la eficiencia y eficiencia. La Administración Pública es el medio y la estructura de que dispone el Estado para garantizar el cumplimiento de sus fines. Lamentablemente se observa que en esta forma de organización los gobernantes infelizmente usan los recursos del Estado como propios y también la estructura de la administración pública en una trama que invisibiliza a los atores privados de la corrupción.

No hay acto de corrupción sin la intervención de individuos u organizaciones privadas; basta recordar que la empresa brasileña Odebrecht pagó sobornos por $ 33,5 millones a funcionarios públicos en Ecuador. Nadie se queda libre de culpa en el fenómeno de la corrupción, todos tenemos un pedazo de responsabilidad y que se ve exacerbado por la general baja calidad de los medios de comunicación que tiene nuestras sociedades.

Nos queda un antídoto único que debemos fortalecer y se refiere a la calidad de la educación y la búsqueda de una formación de los individuos basada en valores y en la solidaridad humana, donde el bien común, la seguridad, la paz, el velar por el respeto de las libertades y los derechos y procurar el bienestar de la ciudadanía sean el eje de la formación humana.

Estamos llegando al de forma impredecible al tiempo de no tolerar a la traición a la ciudadanía que les ha otorgado la confianza a los gobernantes, a los servidores públicos y a las empresas privadas que son los actores centrales en el mantenimiento del Estado del bien común. (O)

Medios Públicos EP