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Mónica Mancero Acosta

La biopolítica en tiempos de coronavirus

29 de abril de 2020 00:00

Decía la gran teórica política Hannah Arendt que la misión y el fin de la política es asegurar la vida en su sentido más amplio. En efecto, hoy podemos advertir la importancia de la política para el sostenimiento de la vida, de lo común. Podemos palpar lo relevante del Estado y su papel en la defensa de lo colectivo y público, lo crucial de la protección y derecho a la salud y la seguridad social.

El rol de políticos y gobernantes, hoy más que nunca, es encarnar la colectividad, sus carencias en la emergencia, su dolor, y gobernar en servicio del interés público. El país vive una situación límite, es una hora tan difícil que parece que casi ninguno de los políticos diera la talla; sin embargo, la política es más necesaria que nunca.

Son las decisiones políticas las que frecuentemente, y hoy se puede ver más diáfanamente, deciden sobre la vida o la muerte de las personas. Eso que Foucault llamó biopolítica. Se trata de la política de “hacer vivir, dejar morir”, de esta nueva etapa que se desplaza del régimen de soberanía y territorio para instalarse en la era del biopoder, en el que la gestión de la vida, de la salud, de la higiene se impone más que nunca.

Hoy, que todo pende de un hilo, el biopoder se impone a través de las técnicas de medición, de gestión de la vida, de la salubridad. En este escenario destacan los llamados discursos de verdad de las ciencias y los epidemiólogos, los modelos estadísticos que pueden predecir la evolución de la pandemia, y el propio autogobierno como una forma de subjetivación para quedarnos en casa.

En este escenario -que no es tan nuevo puesto que Foucault ya lo advirtió varias décadas atrás- se profundiza la importancia de un arte de gobernar, es decir de una política que defienda la vida de todas y todos los ecuatorianos, sin distingo de clase social, sexo, etnia o región. (O)