Victor Quillupangui

- 16 de septiembre de 2020 - 00:00

Víctor Quillupangui es un artista de la sabiduría. Taumaturgo de la taracea; alquimista de los bargueños y de las esculturas religiosas, creador de policromías en las que las formas y colores adquieren variados planos al mismo tiempo, mago de las visiones históricas de los ancestros cósmicos y terrenales; es un artista con alma y pasión de artista, que con paciencia y tenacidad, ha estructurado a través del tiempo, una obra plástica de verdadero valor artístico que lo ubica como auténtico representante de nuestra cultura.

Sus pinceles y sus manos han hecho malabares en la pintura generando un rescate de nuestros ancestros y proponiendo una temática variada, rica en su lenguaje pictórico. Su obra salta a la vista con una total naturalidad y nos incita a la reflexión, al desciframiento de sus códigos íntimos, a su relación con la naturaleza y el ser humano, a su vital comunicación con nuestros sentidos, cuando la observamos y la analizamos. Es, una auténtica y verdadera obra de arte.

 Y, lo que la hace tangible, es algo que nace como resultado de esa minuciosa labor de ordenamiento de los elementos plásticos, del espíritu y de la voluntad que imprime el artista en esas formas para trasladarnos a un más allá del contenido de ellas y revelárnoslo; y de una constante vital: su expresión, su motivación, su temática, que recogen en decisivas instancias nuestro verdadero mundo: ese mundo que tenemos necesariamente que hacerlo trascendente en todas las formas de creación.

Ese mundo en el que buscamos reivindicar nuestra libertad de creación y la gama de los sentimientos humanos. Víctor Quillupangui lo consigue en su obra y con su trabajo intelectualmente honesto. Nos intercala entre la barrera de una subjetividad objetiva? y el realismo maravilloso de sus formas y sus colores. Traza un mundo unidimensional como  un orfebre que quiere recorrer su propia existencia mediante el desmenuzamiento crítico de la existencia real de los demás. Y esto adquiere mayor importancia en la obra plástica de él, porque esa dicotomía se presenta en su temática, su mensaje y en el desnudamiento de nuestros valores, no como una substitución de la realidad sino como una concepción artística que impulsa a conocer y diseccionar la realidad que vivimos a través de sus atributos estéticos y de su irrefrenable fidelidad a las leyes intrínsecas de su creación. Víctor Quillupangui, con mayúsculas, un grande de la plástica ecuatoriana. 

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