Anotaciones sobre la pandemia

- 24 de julio de 2020 - 00:00

En marzo, cuando todo esto empezó, nos sentimos desconcertados y atemorizados. Sin embargo, aceptamos el confinamiento sin protestas; proteger nuestra salud y la de los demás era la prioridad. Nos asustaba mucho ver de cerca la muerte y nos guardamos sin chistar.

Los hogares se convirtieron en oficinas improvisadas, salas de reuniones, aulas de clase, salones de juego. Todos los espacios de la casa se activaron intensamente: las reuniones virtuales en el baño, en la cocina o en los dormitorios fueron toda una aventura creativa, en momentos, estresante por los nuevos retos que se ponían en nuestras manos.

Los libros han sido el refugio indispensable para sostenernos en el aislamiento: “El cristal con que se mira”, de Alicia Molina; “Como un volcán”, de Magdalena Helguera (Literatura Juvenil); Antología “Cuidemos nuestro Planeta”, Girándula, de varios autores; “Beloved”, de Toni Morrison; “Tristana”, de Pérez Galdós; “El sueño de la razón”, de Berna González Harbour (este último fue toda una revelación). También la poesía nos abrigó el alma.

Han pasado cuatro meses y todo ha dado un giro inesperado, se han descubierto bandas delincuenciales que han medrado y se han enriquecido a costa del dolor y la muerte. La ambición y la avaricia desmedida de algunitos nos han dejado perplejos.

La necesidad de mover el aparato productivo y generar recursos para sobrevivir provocó la irresponsabilidad de gente sin escrúpulos que se dedicó a la farra sin seguir las normas de bioseguridad; se ha multiplicado el contagio en muchas ciudades del país, pero especialmente en Quito. Los centros hospitalarios colapsados y las personas en las calles como si nada; las disposiciones de las autoridades muy tibias, el manejo de la pandemia sin brújula.

La empatía y la solidaridad se han esfumado, los médicos están en la línea de fuego, tratando de salvar vidas, sin las protecciones debidas, sin recursos, con turnos interminables; muchos de ellos contagiados, rogando a la ciudadanía que se guarde en casa para ayudar a controlar en algo esta situación.

Ayuda, ¡No salgas de casa, no hagas fiestas, usa mascarilla! Piensa en los demás. (O)

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