La mejor música de 2019 reforzó la discografía de las bandas clásicas

- 03 de enero de 2020 - 00:00
Los ingleses Xentrix volvieron a publicar un disco luego de 13 años.
Foto: Tomada de xentrix.co.uk

La lista de los discos más destacados del año la encabezan Oh Hiroshima, Ram y October Tide (Suecia); Xentrix y Paladin (Reino Unido); Continuum y Nebula (Estados Unidos); White Ward (Ucrania) y Michael Monroe (Finlandia).

Clasificamos, catalogamos y elegimos como estrategias para tratar de comprender lo que nos rodea: un mundo que se ha vuelto inabarcable a causa del dominio de los flujos sobre los espacios.

Pero seleccionar es un ejercicio de poder, no solo de supervivencia, y cuando se trata de bienes culturales se atraviesa con sus riesgos el carácter subjetivo que imprime el gusto de quien escoge.

El entorno digital es vasto y competitivo para quien intenta acercarse a los datos sin dejarse sorprender por la propaganda física y virtual que sesga los patrones de consumo, aún en la música.

Ya fuera de tecnicismos, 2019 ha sido prolífico en propuestas de calidad dentro del mundo del rock duro. E intentar encontrar los mejores discos en este panorama supone, al menos, tres grandes problemas: la gran cantidad de lanzamientos discográficos a los que se puede acceder (y la aún mayor cantidad de aquellos a los que no se logra acceder); las cada vez más difusas fronteras entre géneros dentro y fuera del metal y el ya mencionado gusto individual.

Para intentar disminuir el impacto de apegos y criterios preestablecidos, esta lista ha tenido en cuenta 432 novedades discográficas de estudio. A cada disco se lo ha escuchado completo al menos en tres ocasiones.

Y como parámetros de calificación (categorías que son puramente referenciales) se ha tenido en cuenta música, contenido lírico, propuesta visual y la calidad del trabajo dentro de la propia discografía de sus autores.

Hard rock

En cuanto a rock, hard rock y rockabilly hay nostalgia, novedad y ruptura, pues este mundo no se caracteriza por su estabilidad.
Sorprenden los trabajos solistas de Michael Monroe y Andy McCoy, exintegrantes de los míticos Hanoi Rocks, quienes han presentado álbumes contundentes, llenos de fuerza y composiciones enérgicas.

Junto a ellos han destacado líneas más clásicas como el poderoso Boneshaker de los reconocidos Airborne o el magnífico disco Seer de Birdstone. Más extraños y lejanos a una estética rockera tradicional −pero no por ello menos interesantes− suenan los nuevos redondos de The Aristocrats y de Wednesday 13: el primero plagado de virtuosismo guitarrero con toques jazz y, el segundo, caracterizado por una increíble ambientación conceptual punkera y terrorífica.

En esta lista de rock and roll queda una mención para John García and the Band of Gold y su trabajo homónimo, publicado por Napalm Records

Metal progresivo

Las propuestas progresivas tienden a explorar los límites de las reglas compositivas cuando no las anulan. Este año se han caracterizado por trabajos en los que la genialidad musical y el gusto por los detalles conviven con la fiereza propia del metal.

Oscillation de los suecos Oh Hiroshima o Salutogenesis de los germanos Soulsplitter son trabajos que −al igual que el muy esperado lanzamiento de Tool− deben escucharse con calma, como si se tratase de densas copas de licores espirituosos. Son discos caracterizados por composiciones profundas, detalles y ejes conceptuales que no se entienden de buenas a primeras.

Así de complejos, también han sorprendido Empath del genio canadiense Devin Townsend y el correcto Distance Over Time de Dream Theather. Mención para el extraño In Cauda Venenum de Opeth en el que Mikael Åkerfeldt se muestra libre de ataduras al momento de expresar facetas musicales menos comerciales.

Heavy metal

Si hay un género metalero que se ha estancado a nivel creativo en los últimos años es el heavy metal y, sobre todo, su variante más fantasiosa: el power de corte europeo. Pero dentro de la gran cantidad de discos que deja cada año es posible encontrar joyas que se alejan de la mentada saturación compositiva y conceptual. Los nuevos trabajos de Ram, The Offering o Grand Magus, suenan majestuosos.

Cada uno, en un borde distinto del género base del metal, muestra variaciones que vuelven destacables a sus estructuras creativas. Más tradicionales, Iron Savior y Paragon han sido capaces de mantenerse firmes con propuestas caracterizadas por la excelencia en estudio y la fiereza en directo. Kobra and the Lotus, liderados por la carismática Cobra Paige, consiguen posicionar un buen álbum que muestra quiebres y matices que tanta falta hacen en el género. Mención para los legendarios Angel Witch, que han llegado a la perfección.

Thrash metal

El thrash metal y sus variantes han experimentado, desde principios del siglo XXI, un continuo renacimiento que ha mantenido a sus viejas glorias en la palestra, pero que ha motivado también el surgimiento de jóvenes agrupaciones con lineamientos compositivos innovadores.

El regreso de los veteranos ingleses Xentrix luego de 13 años de silencio, con un majestuoso álbum titulado Bury the Pain demostró la vitalidad del género veloz. Otros clásicos con placas memorables fueron los míticos Exhorder con su Mourn the Southern Skies y los incombustibles Overkill con su fantástico Wings of War.

En continuo perfeccionamiento, las propuestas de Suicidal Angels o Dust Bolt demostraron la contundencia de la nueva escuela del thrash mundial. Jóvenes, pero no por eso menos contundentes, agrupaciones como Paladin o Krytos han sorprendido por su técnica, velocidad y contenido conceptual.

Death metal

Death metal, gore y sus variantes incluida su versión brutal nacen de una corriente que agrupa a una enorme cantidad de subestilos, técnicas y temáticas. El punto de encuentro de todas ellas es, quizá, la brutalidad en el tratamiento lírico y musical.

Técnicamente sorprendentes por su precisión, velocidad y carácter los norteamericanos Continuum se lucieron con su obra Designed Obsolescence. Con estas mismas características también han destacado los trabajos Apoptosis de Allegaeon y Vile Nilotic Rites de los egiptólogos Nile.

En una faceta más brutal y despiadada han resonado como terremotos los trabajos de Gorezone o las andanadas zombies de los italianos Fulci. Dentro de un death metal más convencional, cabe mencionar los excelentes discos de Blood Red Throne (Fit to Kill), Firespawn (Abominate) y Fleshcrawl (Into the Catacombs of Flesh). El último de estos, publicado hace escasos dos meses en caja de edición limitada.

Black Metal

Atrás han quedado aquellos tiempos en que un disco de black metal era un conjunto de canciones saturadas y blasfemas detrás de una portada tenebrosilla a blanco y negro. La experimentación temática y compositiva es, hoy por hoy, característica fundamental de muchas bandas del género. Belleza y oscuridad absoluta caracterizan al Love Exchange Failure de los ucranianos White Ward. Sin ser de fácil escucha, su estructura musical coquetea con el jazz.

También en esta onda, mucho más cercana a los temores humanos que a los metafísicos, destacan las propuestas de los norteamericanos Serpent Column y la de Yellow Eyes; ambas bandas han presentado obras sobrecogedoras donde el espíritu maligno trasluce en cada nota. Más folk −si se puede usar ese adjetivo confuso− resultan las composiciones presentadas en el Excile de los ingleses Kull o en el magnífico Ofidiants Manifest de Kampfar.

White Ward - Love Exchange Failure

Doom y depresores

October Tide, Monolord o Profetus presentaron álbumes capaces de demostrar la faceta más oscura de la melancolía; riffs espesos y voces cavernosas llevan al escucha a la más profunda miseria. Los experimentales y prolíficos Sunn o)) han llegado al límite con esa obra maestra llamada Life Metal, título confuso, pues es un tratado sobre la desesperanza. Majestuosos y enigmáticos resultan el Syntheosis de la Waste of Space Orchestra y el When a Shadow is Forced into the Light de los finlandeses Swallow the Sun.

Stoner

En lo que se refiere a los géneros fumables, ha sorprendido la propuesta psicodélica blacksabbathiana de los gringos Nebula y su álbum Holy Shit. Más grooveros y menos hippies, Red Eye y Green Lung presentan álbumes que son monumentos a la cultura cannábica. La última mención es para el fantástico Voyage de los extraños Big Red Panda y el majestuoso Acrphilia de Uluru. (O

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