Sí a la paz, no a la violencia

- 03 de diciembre de 2019 - 00:00

En estos últimos tiempos la violencia (maldita violencia) no permite que prevalezca la paz en el mundo, no podemos permitir que unos pocos destruyan los intereses de la mayoría.

Las guerras son explosión de pasiones y enfermedades psicológicas del ser humano, el que, luego de generar regueros de sangre, sobre los escombros del genocidio en masa, entona sus himnos de triunfo, con marchas imperialistas, fiestas fetichistas y grillos infamantes, desoyendo el grito de inocentes víctimas que imploran piedad y claman justicia. En estas nefastas guerras las madres se mueren, también los niños, la humanidad moralmente se muere.

Surge como necesidad imperiosa integrarnos los académicos, politólogos y el pueblo en general, unidos todos para lograr un mundo nuevo, descartando que nos encaminen hacia una catástrofe final, poniendo en peligro la supervivencia, promovidos por fanáticos de países que compran y venden armas; su negocio es que se promueva la guerra violentista en todo el mundo, estos elementos infernales se atreven -a veces- a hablarnos de la paz cuando en realidad están llevando adelante masacres de las potencias con el sucio negocio armamentístico.

Por eso un grupo de almas positivas se han integrado en la Sociedad de Organizaciones Sociales (SOS) y aspiran a convencer a la humanidad que solo la educación ilustrada como virtud práctica de amor puede salvar al mundo. (O

Ricardo Ordóñez Jaramillo