El acceso a la salud para un campesino

- 14 de marzo de 2019 - 00:00

Un día en la mañana salí de mi casa y sentí que la cabeza me daba vueltas. Me quedé seco, parado ahí hasta que me sentí mejor, justo en ese momento me iba a someter a un chequeo en un centro de salud en Salitre (Guayas), por donde vivo; pero mi hija me dijo: “No papá, vayamos al Hospital Los Ceibos”.

Fui directo al área de emergencia porque encima ya tenía varios días con sangrado al orinar. Cuando llegué me ingresaron inmediatamente, estuve 16 días y 8 días sin comer nada, solo con suero. Me realizaron muchos exámenes y pruebas. Me pusieron tres pintas de sangre porque me detectaron anemia. Tenía una úlcera gástrica. Los doctores me dijeron que debía hacer dieta porque mi estómago quedó como el de un niño chiquito, porque me hicieron limpieza integral.

Gracias a Dios y a los doctores estoy bien. La sangre me está subiendo y, ahora, ya se me ven las venas porque recuperé mi peso. Ya la piel del brazo no la tenía como antes, “pegada al hueso”. Para mí tener el Seguro Campesino es un beneficio bastante grande; sobre todo al saber que contamos con un gran hospital como ese, donde a uno lo tratan como rey.

Me dedico a la agricultura y todos saben que no se gana mucho. Nosotros sembramos arroz, soya y tomate. Nos pagan 20 dólares por cada quintal de arroz, ¿cómo creen que con eso voy a poder costear las ampollas que aún me ponen en el Seguro Social? Cada una vale 500 dólares.

A este Gobierno le agradezco por mantenernos con salud mediante el Seguro Campesino. Solo les pediría que nos alzaran el precio del quintal de arroz, a 30 dólares, porque los insumos están caros. Nosotros hacemos un esfuerzo para comprarlos. Un día de trabajo se gana de 8 a 11 dólares, para trabajar agachado toda la jornada de ocho horas, es duro. Lo que nosotros sembramos, todito lo consumen en la ciudad. Gracias. (O)

José Córdova