La post-elección
Han pasado los días de propaganda electoral y de las elecciones en sí. Nuevas perspectivas, nuevas alternativas y la esperanza de que se cumpla una renovada continuidad que genere confianza en la madurez de los elegidos. Es de desear.
La democracia no solo nos permite aceptar una derrota electoral evidente en Quito. Nos permite avalar lo hecho, conjugar factores de análisis y proyectar correctivos que nos den la tranquilidad que las cosas bien hechas nos brindan. A diferencia de identificar al presidente Correa como el gran perdedor, identifico una realidad popular combinada con desaciertos de prevención por parte de Alianza PAIS. Los impuestos y multas, por legales y legítimos que aparezcan, son desairados. Por antiguos y ajenos que en su origen tengan, son realidades que afectan a electores. No se pretenda que los electores asuman con madurez y desprendimiento este factor; demasiado tiempo hemos tenido la cultura de no pago, demasiada incongruencia entre mi deber ciudadano y mi comodidad inmediata. Por lo tanto, debió ser un factor de fundamental consideración. No me referiré a la campaña llamada sucia, es el factor que más fácil de neutralizar fue y, quizá, por el que menos se hizo. Poco y tarde.
La excesiva confianza presidencial en el endoso de votos tiene mucho que ver. A repensar, analizar y corregir, no queda de otra.
Kléver Medina Alvarado
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