¿Hasta cuándo?
A dos meses de la muerte y desaparición de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, estado de Guerrero, México, la mediática figura presidencial del seductor elegido por Televisa parece desfigurarse ante las evidencias que muestran cómo el Estado mexicano, al modo de Uribe en Colombia, entregaba a las fuerzas de la droga el dramático desenlace de estos estudiantes. ‘En México, ser estudiante es más riesgoso que ser narcotraficante’, versa un cartel.
Enrique Peña Nieto fue el producto de una proyección mediática generada por Televisa, el mayor productor de telenovelas para el mundo. Elegido en 2012 como carilindo, esbelto sujeto a la imagen del candidato deseado, quien había enamorado a la protagonista de la novela más vista en su momento, parecía que la novela se cristalizaba en el poder.
Hoy sobran evidencias de que tanto el poder transnacional, financiero, mediático y el narcotráfico caricaturizaron en esta figura sus intereses.
Y en este caso, el poder lo que transfiere es un libreto, y se vale de intérpretes de este tipo para que en la escena política cumplan a sus intereses. Y el poder también genera obediencia; y en el caso de México, una obediencia que no admite disensos, y opera con desaparición y muerte.
Marcelo Bianchini
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