Tiempo crítico para cambios sistémicos
Quienes pueden liderar cambios a nivel mundial siguen desoyendo la voz de alarma que proviene de la naturaleza violentada por el sistema económico consumista, que ha roto el equilibrio del planeta. Sequías e inundaciones hacen que la especulación con los alimentos en los mercados financieros, y el desplazamiento de la agricultura campesina por la bioenergética estén globalizando una crisis alimentaria descomunal.
Los terrícolas de siglos venideros difícilmente podrán entender cómo fue posible que seres inteligentes, con la avanzada tecnología de hoy, sin importarles el bien común, hayan permitido que el hambre y la desnutrición hayan afectado a cerca de mil millones de congéneres suyos. Esto, claro, si la humanidad sobrevive a las estupideces que se vienen acumulando por el egoísmo, individualismo, consumismo y corrupción desenfrenada, y si se llegara a tomar conciencia de que hay que cambiar de ruta, para una convivencia solidaria.
Es una reflexión obvia, reto para todos, en la que habrá que seguir insistiendo, avergonzados de que una multitud de niños, ancianos, mujeres, emigrantes, desplazados, desocupados tengan que mendigar el pan de cada día en pleno siglo XXI. Aunque los economistas neoliberales seguirán proponiendo la tiranía de los mercados. El Nobel de Economía de este año premia “un problema económico central” relacionado con las decisiones en el mercado, cuando el desempleo es lo fundamental. Y entidades internacionales como el FMl siguen repitiendo viejos errores de planes de austeridad para la gente y salvatajes para los bancos.
Pablo Solón, director ejecutivo del influyente Focus on the Global South, se queja de que las más recientes negociaciones en Bangkok no produjeron nada relevante, excepto propuestas para nuevos mecanismos de mercado en relación al ambiente bajo el nombre de “economía verde”. Y subraya que esto no es accidental. El estancamiento en las negociaciones climáticas es el resultado de la complicidad de las élites en países desarrollados y emergentes que priorizan las ganancias de sus corporaciones por encima del futuro de la humanidad y de la madre tierra.
Las “políticas de ajuste” van agravando el mal que pretenden solucionar. La restricción del gasto público no es para tiempos de crisis. El sentido común indica que en crisis hay que gastar para que circule el dinero; el ahorro es para los tiempos de bonanza.
Solón concluye que estamos comenzando un período histórico caótico, con sucesos imprevisibles, tiempo crítico para que los movimientos progresistas forjen desde abajo cambios sistémicos.
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