¿Postergar las elecciones? No, gracias
Luchar contra la crisis es, entre otras cosas, una carrera contrarreloj en la que la postergación de lo fundamental no debería tener espacio. Claro que el Consejo Nacional Electoral no ha sido modelo de eficacia y modernidad, pero lo menos que puede hacer en este momento es respetar la fecha del 7 de febrero con soluciones sostenibles. Después de todo, ha gozado de aquello que nos resulta escaso a casi todos: tiempo y dinero.
A este país le urge por una vez en la vida una tregua política más allá de las vanidades y las ambiciones. Pero si los partidos están pidiendo un mes adicional supongo que no será para amalgamar alianzas históricas sino para organizar sus campañas. Por cierto, ese dinero gastado en tratar de convencer a la gente bien puede ser canalizado a un mejor fin. Ya sabemos que algunas campañas son detonantes de corrupción y que derivan en un espantoso tráfico de favores.
Mantener la fecha de febrero le dará más espacio al presidente electo para trabajar en una transición ordenada y enviar los mensajes correctos a los agentes económicos dentro y fuera del país. Ojalá también haya posibilidad de tender todos los puentes con la academia, las minorías, los actores sociales, los sectores productivos y los movimientos políticos.
Hubiera sido bueno debatir sobre la absurda obligatoriedad del voto o sobre esta Asamblea cada vez más obesa y menos representativa. Son dos temas que se deberían tratar seria y urgentemente porque constituyen un caro espejismo de lo que se supone que es una democracia.
Hubiera sido bueno también reconstruir técnicamente a un organismo caduco y manoseado como el CNE. Las alternativas que ofrece hoy frente a la “nueva realidad” no suenan tan mal en el papel, pero es difícil olvidar que estamos hablando de una institución que adolece de súbitos apagones en sus noches más importantes.
Mientras tanto, y sin que nos llenemos de excusas, que se agilicen los procesos judiciales en contra de nuestra colección de políticos corruptos para desterrarlos al menos de este mapa electoral. La elección presidencial de 2021 será sin duda la más importante de nuestras vidas y eso nos obliga a ser más proactivos, a estar más atentos y a exigirle a un sistema cómplice del fracaso nacional. Hay que votar pronto y bien. (O)
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