La gran brecha entre el qué y el cómo
La mayoría de los seres humanos sabemos qué es lo deseable, qué es lo que queremos. Queremos una educación de calidad, un oficio o una profesión, ingresos económicos suficientes que permitan una vida digna, ahorro y la construcción de un patrimonio, constituir una familia, viajar y divertirnos y vivir saludablemente, en armonía social. El qué queremos resulta obvio. El cómo hacerlo ya es otra cosa. El cómo hacerlo depende de decisiones específicas que se tornan aún más complejas cuando de por medio hay una carencia económica. Para lograr estos fines, sobre una base precaria, se requiere talento, sagacidad, esfuerzo enorme y gran disciplina. Hay que tomar una serie de decisiones inteligentes a lo largo del tiempo.
Si un paciente está en cuidados intensivos con un choque séptico, con traqueostomía, ventilación mecánica y con fármacos para sostener la presión arterial porque está cursando la falla de múltiples sistemas: insuficiencia respiratoria, insuficiencia hepática, insuficiencia renal, es obvio determinar qué queremos. Queremos que se resuelva la insuficiencia respiratoria y que salga de la ventilación mecánica, que se resuelva el choque circulatorio y no requiera de fármacos para sostener la presión, que se mejoren la insuficiencia hepática y renal. El cómo hacerlo es otra cosa. El cómo hacerlo implica el conocimiento profundo de fisiología y farmacología para decidir los volúmenes, presiones, frecuencia y concentración de oxígeno en la ventilación mecánica. La cantidad y calidad de líquidos intravenosos a administrar, la selección precisa de los antibióticos, la titulación exacta de los fármacos reguladores de la presión arterial y el gasto cardíaco, el análisis de los gases arteriales, el análisis de estudios de imagen.
En fin, el cómo hacerlo requiere de conocimiento profundo y de decisiones precisas. Frente a un cuadro de esta naturaleza, un médico intensivista competente y serio no podría decir que el paciente estará, en cuatro meses, en condiciones de correr una media maratón. A lo sumo esperará que el paciente sobreviva y logre salir de la unidad de cuidados intensivos para iniciar una recuperación que, quizás en un año, le devuelva a una vida semejante a la que tuvo antes de enfermar.
Estos dos ejemplos a propósito del Ecuador y los candidatos presidenciales. El Ecuador está en la condición de un paciente crítico, con problemas descomunales: Déficit fiscal de 7 mil millones de dólares anuales que se sigue acumulando, deuda de 60 mil millones y que se sigue acumulando, corrupción galopante, un sistema de salud desmoronado, una educación desarticulada entre sus diferentes niveles y, lo peor, una pésima Constitución, un pésimo Código de la Democracia y cerca de cien leyes espantosas, entre orgánicas o no, que coartan el desarrollo y la posibilidad de conducir al país.
Hay que ser realistas en la expectativas. No podemos salir del subdesarrollo en cuatro años. El que no naufraguemos ya es bastante. A los candidatos: más seriedad, menos qué, más cómo.
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