Guayaquil a los 193 años de independencia
La Guayaquil heroica del 9 de Octubre, base de la independencia nacional; la de Olmedo y Alfaro; la de tantas otras gestas heroicas en procura de liquidar las estructuras de una república terrateniente, aristócrata y oligárquica, que organizó un Estado burgués débil y dependiente; la que respalda masivamente el proceso de Revolución Ciudadana; la que ha sido y es base de la economía nacional y que acoge en su seno a centenares de miles de ecuatorianos que buscan trabajo, se educan y desarrollan el arte, las letras, deportes y mil actividades creativas; ahora, con más fuerza que antes, reclama, en correspondencia con el legado de sus héroes y próceres, la solución de problemas fundamentales que afectan a la inmensa mayoría de sus habitantes y consolidan a élites especuladoras, explotadoras, egoístas y altamente lucrativas, que han controlado los grandes negocios, finanzas y poderes locales.
Es el momento de que Guayaquil, con los ideales y presencia histórica de los combatientes de siempre, recogiendo objetivos y anhelos de las luchas contra el colonialismo y oligarquías vendepatria, consolide su independencia política, libertades y derechos, democracia, equidad y justicia, imponga un modelo de gestión territorial democrático, popular, inclusivo, participativo e integral.
El pueblo quiere a su ciudad no como botín privado, en beneficio de poderosos grupos económicos que la manejaron en función de sus intereses, atracaron sus recursos, se apropiaron de las tierras, manipularon a sectores de la población a través de traficantes, capos y matones a su servicio y de autoridades venales.
Hay que asegurarla como espacio público en función social y ambiental, que su suelo sirva para su disfrute. Hay, pues, que dignificar su vida, por tanto, impulsar la universalidad de los servicios básicos: agua potable, alcantarillado, manejos de desechos sólidos y energía.
Se impone un nuevo modelo de gestión municipal que requiere apoyo sostenido de la organización popular que debe consolidarse, mayor y decidido apoyo estatal sobre la base del cumplimiento de las revoluciones agraria y urbana y sus políticas de descentralización y desconcentración.
La agenda es clara: fortalecer la infraestructura económica y social para desarrollar la educación a todo nivel, la salud comunitaria, el transporte masivo, la vivienda popular; recuperar la naturaleza destrozada, aprovechar sus bellezas naturales para el turismo y disfrute social.
La tarea prioritaria, lograr la unidad de las fuerzas del cambio, progreso, democracia y paz social; ganar las próximas elecciones. Para ello, hay que movilizar las juventudes, clases trabajadoras, los comerciantes, tantas veces reprimidos y ultrajados, trabajadores autónomos, víctimas de abusos y agresiones, jamás de apoyos municipales; barrios populares y al conjunto de la población que, con su activa participación, a los 193 años de independencia, debe gozar de seguridad, dignidad y respeto.
Nunca más Guayaquil sesgada en su desarrollo e integridad moral por las oligarquías, manipuladas por el utilitarismo politiquero que aúpa la acción clientelar y relega a la gente de los servicios y obras vitales.
Están cerca los momentos de que la inmensa población marginada de Guayaquil y los barrios postergados sean atendidos en forma integral, sostenida y coherente, por autoridades locales que coordinen acciones con las nacionales, base del nuevo modelo.
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