¿Existe un gen de la ética?
Adela Cortina, filósofa española, reflexiona sobre este tema tan actual como complejo, que debe ser materia no solo de estudio sino de práctica en la cotidianidad.
Se dice que la ética no está en crisis sino la práctica de la ética. Pero ese no es el problema de fondo: lo que preocupa es que el mundo gira –para ateos, cristianos o agnósticos- hacia un relativismo moral o anarquismo ético, donde los referentes ya no existen o no se practican. Este supuesto “decaimiento” de los valores que antes se consideraban inmutables es el resultado de cambios planetarios, que son imperceptibles e impactan en los hábitos y comportamientos en todos los escenarios de la vida humana.
Así, la importancia de la ética rebasó las fronteras del marco de la escuela, la familia y de los conventos. O como una cuestión exclusiva de los profesores de filosofía o los sacerdotes. La ética tiene ahora una fachada y un contenido diferente, y a veces divergente de los cánones o normas instaladas otrora por los dogmas. Está naciendo una ética civil como una sólida propuesta desde los sujetos y no desde la autoridad religiosa, que luce envejecida y, en ocasiones, de espaldas a los tiempos.
¿Qué es la ética? “La ética es una rama de la filosofía, que estudia las cosas por sus causas (universal y necesario) y el comportamiento humano”. También es conocida como una disciplina que se relaciona con la moral y las costumbres de una sociedad. Aristóteles plantea que la ética tiene un objetivo central: la búsqueda de la felicidad. Epicuro sostenía: “comamos y bebamos que mañana moriremos”.
Para los griegos lo más importante era la vida intelectual, “que no excluye el goce moderado de los placeres sensibles y de los bienes en general, siempre y cuando no impida la contemplación de la verdad”. Nace en Aristóteles el concepto de virtud, que consiste en la justa medida, para lo cual es necesaria la prudencia. Por eso, la virtud más elevada es la justicia.
¿Existe un gen de la ética? Adela Cortina, investigadora española, responde: “Existe una dimensión ética en el ser humano, a la que ninguno puede renunciar. Esto es innegable. Pero algunos neuro científicos aseguran que se puede fundamentar una ética universal desde el cerebro. Eso es lo que está por ver”. Más en mi próximo micro ensayo. (O)
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