El Sumak Kawsay en la academia y los servicios
El Sumak Kawsay o Buen Vivir es una idea fuerza, un concepto en construcción. Se dice que una utopía o una quimera, como un anhelo o sueño, que sirve para caminar. Sin embargo, sobre las raíces ancestrales del cuidado del agua y la madre tierra, la Pachamama, y las prácticas colectivas de reciprocidad y solidaridad, parece que, de modo complementario y correspondiente con el todo de la interculturalidad del Sur, puede constituirse, frente a la crisis civilizatoria de Occidente, en una corriente cultural que aporte, con sus saberes y sentires, científicos, humanistas, una alternativa social y política liberadora.
Los principios de su conocimiento o sabiduría, se refieren además a la certeza de que la vida es sana y colectiva, una sola y en armonía con todos los seres, animados o no. Y aluden a la vivencia de la reciprocidad solidaria que permite la acción conjunta para la alimentación, la vivienda, el trabajo. Su aporte cultural incluye la complementariedad dual (no dicotómica) entre el cuerpo y la subjetividad, entre hombre-mujer, y la correspondencia dinámica del todo con las partes.
En Bolivia y Ecuador, por disposición constitucional, se proponen Planes Nacionales del Vivir Bien o Buen Vivir. Ciertamente aparecen, por la lógica de las interpretaciones políticas que generan usos y abusos del concepto, diferentes corrientes, incluso dentro de los mismos gobiernos. En Bolivia, por ejemplo, el Vicepresidente cree que es razonable utilizar las riquezas del subsuelo a fin de resolver muchas necesidades vitales aún insatisfechas de la población, mientras el Canciller juzga que la primera prioridad es cuidar a la Pachamama y no tocarla con fines económicos que respondan a intereses del mercado.
Los principios del Sumak Kawsay y su construcción deben ser materia de análisis y debates en la academia, y de aplicaciones pragmáticas en los servicios, en el marco de las propuestas de los gobiernos progresistas empeñados en transformar sus Estados. Nadie puede asumirse dueño de la verdad o del concepto. Como propuesta intercultural es una vivencia local y regional, un mensaje desde el Sur. Se refiere a la satisfacción de las necesidades humanas del dominio individual del cuerpo, de las subjetivas de la cultura, y a las responsabilidades del Estado para satisfacerlas como derechos. Esto permitirá abrir caminos, para evitar la depredación capitalista y el consumismo salvaje, en la búsqueda de un cambio de civilización.
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