Desencumbrados
La decisión del presidente Correa de no asistir a la Cumbre de las Américas me recordó a los abstencionistas de los países donde el voto no es obligatorio, que no votan porque “para qué … si al final los políticos hacen lo que les da la gana”.
Si bien comparto la posición de Correa respecto al derecho de Cuba a asistir a la Cumbre de las Américas, no estoy de acuerdo con que Ecuador no esté presente en este escenario internacional, precisamente porque nuestro continente necesita evolucionar social y políticamente, ser coherente con el pluralismo y el respeto a los derechos humanos que tanto predica.
No es posible que después de 50 años sigamos creyendo en la validez de los Estados parias, lo que obliga a las personas que habitan Cuba, a pasar todo tipo de penurias por no compartir -en una gran mayoría- las convicciones políticas de gran parte de nuestro continente o por tener de gobernantes a Raúl y a Fidel.
El Presidente debió aprovechar toda la campaña de expectativa que comenzó en su viaje a Turquía de “ir o no ir” y que llevó a su culmen en la controvertida entrevista con la periodista española Ana Pastor, para poner sobre el tapete el tema cubano que tiene un respaldo argumental y político muy significativo.
Ya tenía lo más importante, había logrado captar la atención de toda la prensa internacional que se reúne en Cartagena de Indias, sin importar que los gringos no quisieran a Cuba en la cumbre y los cubanos, como bien le dijeron a la canciller colombiana, tampoco quisieran asistir.
Cuba no era el único asunto de interés, pues también hay un tema que ocupa a Correa y es el relacionado con el narcotráfico. La Cumbre de las Américas tiene en su agenda discutir temas como la legalización de las drogas y la despenalización de su consumo.
El Primer Mandatario ya había hablado de ello en la última reunión de Unasur y hay varios de sus homólogos comprometidos con estos procesos que, creo, habrían apreciado el apoyo de una voz vehemente como la del Presidente ecuatoriano.
Por otra parte, Chávez dejó claro que el liderazgo de la ALBA es suyo, lo que se evidenció con la renuencia de los países miembros a solidarizarse con la propuesta ecuatoriana de no asistir a Cartagena. Así mismo, tampoco me pareció un gesto elegante con Santos, no porque sea Colombia, sino porque se trata de su vecino que hoy funge de anfitrión y que, además, estuvo presente cuando las “papas quemaban” el 30-S.
Es una pena que no estemos presentes en la bellísima Cartagena porque el liderazgo internacional supone aglutinar, proponer, convencer y lograr.
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