Amor incondicional a la banca
No es muy aconsejable hacer referencias a la historia, o a hechos históricos, sobre todo cuando la confusión -de quien tiene la intención de explicar lo que son los dogmas y las cifras reales- se convierte en un ingrediente básico para argumentar la defensa de los intereses de un sector económico que ha vivido de privilegios y al que siempre se ha rendido pleitesía y servido.
Nos sorprende que con tanta facilidad y soltura puedan usarse ejemplos de regímenes que cometieron crímenes de lesa humanidad, solo para resaltar “el daño” que se haría a los banqueros al disminuir sus ganancias a favor del Bono de Desarrollo Humano. Eso es amor incondicional y confusión de ideas al mismo tiempo.
Es impensable hacer la crítica a los grupos financieros, porque existe el peligro de ser tachado de fascista y correr la misma suerte política de Hitler o de Mussolini. Todo aquel que critique a la banca está en riesgo. Los ahorristas, que son quienes confían su dinero a los bancos, saben que esto no es un asunto de dogmas. Quienes son clientes de un banco conocen bien que las pequeñas cantidades que les cobran a sus clientes, por cualquier servicio o transacción, van a engordar el fondo de utilidades y los grandes sueldos de los altos funcionarios de los bancos. Pero nunca es bueno hablar de ellos porque puede provocar temblores.
Los ciudadanos que acuden a las ventanillas a encargar su dinero a los bancos que hacen un servicio público, saben también que sus ahorros se convierten enseguida en un beneficio privado. William Kurt Black es un abogado estadounidense, reconocido académico y autor de varios libros y ensayos de investigación en temas políticos, legales y financieros.
En una de sus obras, “La mejor forma de robar un banco es poseer uno: Cómo los ejecutivos corporativos y los políticos saquearon la industria de los ahorros y los préstamos” (The Best Way to Rob a Bank is to Own One: How Corporate Executives and Politicians Looted the S&L Industry, 2005), se narran y analizan los mecanismos mediante los cuales las grandes corporaciones financieras han operado de manera subrepticia para obtener las ganancias millonarias que, en contubernio con los políticos, provocaron a la larga el desequilibrio de las finanzas. Esto provocó a la larga la misma crisis que se produjo en los Estados Unidos en el año 2008.
Es fundamental hoy en día que los sectores relacionados con la banca y las finanzas privadas en el Ecuador abran su mente y comprendan que su labor debe ser pública, no solo para percibir los ahorros del público que es su cliente, sino también para dar cabida a un mínimo sentido de solidaridad y de búsqueda del bien colectivo.
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