“53 domingos”: guerra entre hermanos
“53 domingos” (2026) es una película del español Cesc Gay que puede verse en plataformas de streaming. Es una obra sencilla en cuanto a su estructura narrativa, pero compleja en su parte temática. Para quienes quieran adentrarse en una comedia negra punzante, esta película cumple con su cometido: mostrar, a través de personas aparentemente hogareñas, odios ocultos que deconstruyen la propia noción de lo familiar.
“53 domingos” gira en torno a la relación entre tres hermanos (Julián, Natalia y Víctor) que intentan reunirse en el apartamento de uno de ellos para resolver lo que podría ser un problema doméstico: el arreglo de un foco en el baño del hogar de su anciano padre. La historia está narrada desde el punto de vista de la esposa de Julián, el cual, a regañadientes, intenta recibir a sus otros dos hermanos en su domicilio. Aunque pueda ser anodino el hecho de quién será el que cambiará el foco, luego nos enteramos de que la reunión entre ellos es decidir qué se hará con el padre, el cual vive solo y, claro está, sufre los achaques de la vejez.
El filme de Gay se desarrolla enteramente en el apartamento de Julián, salvo por algunas tomas de calle, principalmente las del inicio, donde su esposa nos introduce en el contexto de lo que sucederá más tarde; incluso, a través de ella, conocemos brevemente las condiciones en las que vive el padre. Con esta estrategia narrativa, el director nos va anticipando la tensión que vivirán los hermanos: en efecto, ellos parecen ocultar muchas cosas, entre ellas el desapego que sienten hacia su padre.
Y cuando señalo que toda la historia se desarrolla en el departamento de Julián, también estoy poniendo de manifiesto un tono que, desde el principio, se percibe: su teatralidad. Desde ya, cabe decir que “53 domingos” parte de una obra de teatro de la que el propio Gay fue su autor. Los diálogos, a veces demasiado elaborados y otras veces directos, mantienen al espectador en estado de alerta, más si se considera la puesta en escena cinematográfica donde la cámara no hace que perdamos cada detalle. Aunque esta teatralidad pueda predisponernos a rechazar su hechura, el trabajo de Gay en cuanto a cine se siente. Basta recordar “Truman”, un filme que él realizó en 2015, donde abordaba la relación amistosa y, en ocasiones, tensa entre dos amigos y un perro.
Pero pasando por alto la teatralidad mencionada, el filme no se resiente, sino que nos permite adentrarnos en un conflicto no resuelto entre los hermanos, toda vez que cada uno ha seguido caminos distintos con resultados disímiles: así, Julián es un actor que ha ido oscilando entre el teatro y la publicidad, casi sin éxito; Natalia soporta un matrimonio que en su momento pudo haber tomado otro rumbo; y Víctor, quien ha hecho una fortuna, además ha escrito un libro que curiosamente le llevó 53 semanas o, mejor dicho, 53 domingos. Estas trayectorias dispares actúan como detonante: en principio, alguien falla a la reunión con alguna excusa y, cuando por fin logran verse, la situación se complica porque aparece, en su desnudez, lo que implica el cuidado y cómo enfrentar el posible futuro del padre en un asilo. Esto, a su vez, deriva en los reproches mutuos y las verdades ocultas que son develadas, lo que nos lleva a comprender que en sí el problema real está entre ellos: en los odios que los han alejado al punto de que lo que queda es un trato hipócrita.
El tema de la hipocresía atraviesa toda la película. Gay lo denota tanto con la palabra como motor dramático de los actores, como con su actuación: sus rostros, gestos y modos de afrontar las situaciones van subrayando la violencia emocional que subyace entre ellos. Al concentrar la puesta en escena en un departamento, el director nos muestra que “lo familiar” y “el hogar” se han convertido en espacios donde lo emocional y lo afectivo se han suspendido. Resulta significativo que, pese a haberse reunido y tener la mesa puesta para comer, nadie pruebe un bocado. Habría algo de surrealista en estas escenas y también en el mismo encierro en el departamento, lo que nos remite de inmediato a ciertas imágenes del cine de Luis Buñuel, en particular, las de “El ángel exterminador” y “El discreto encanto de la burguesía”.
Ahora bien, en el marco del comportamiento hipócrita entre los hermanos, se nota que cada uno trata de defender su propio espacio, mientras se intercambian golpes bajos que, evidentemente, se propinan mutuamente como parte de un juego perverso. Y es que cada uno se cree moralmente superior al otro, aunque sus actos y sus modos de pensar dejan claro que todos son inconsecuentes con lo que persiguen. Así, resulta evidente que nadie quiere asumir la responsabilidad del cuidado del padre. Si bien Víctor y Natalia han aportado económicamente en su manutención, usan este hecho para reprochar y herir a Julián y encararle su desapego. Sin embargo, tras estas acusaciones, pronto salta a la vista una doble moral que evidencia cómo la dinámica familiar está contaminada por una cruel competencia como por la constante autojustificación.
Como toda comedia negra, en “53 domingos”, el propósito es advertir cómo cada personaje va develando sus propias insidias, tensiones e incertidumbres; es decir, cómo caen sus máscaras, si se las entiende a estas, sus identidades como personas. El problema, entonces, radica en que quien exige responsabilidad, a la final, es
incapaz de asumirla y quien critica al otro, a su vez, oculta sus propias miserias. Este teatro de máscaras pone en evidencia conflictos irresueltos, envidias acumuladas y disgustos que en su momento pudieron haberse discutido y que con el paso del tiempo se han convertido en cargas que impiden cualquier vínculo, incluso el amoroso. De ahí que “53 domingos” sea un retrato ácido sobre la familia contemporánea, en el que la hipocresía mina el amor, la memoria y el respeto por los semejantes, incluidas las personas de tercera edad a las que se las deja a la deriva.
Tragedia en Maldivas: cinco turistas italianos mueren mientras buceaban
Cinco sujetos fueron sorprendidos por la Policía en pleno toque de queda
Shakira y Burna Boy estrenan “Dai Dai”, canción oficial del Mundial 2026
Shakira y Burna Boy estrenan “Dai Dai”, canción oficial del Mundial 2026
