Votar
La gran crisis planetaria de la salud y de sus efectos en todas las dimensiones de la vida humana es notoria e incontrastable y en estos tiempos de electorales corremos el riesgo de desdeñar y de colocar que nada sirve y de no encontrar ningún recambio viable, dejando el terreno despejado para los populistas, oportunistas y autoritarios de todos los tonos.
Se siente en el ambiente además del virus un cierto sentimiento de frustración de la sociedad actual, no hay gobernante que no se vea doblegado ante una realidad imprevisible que pone en ciernes todas las formas de organización y de representación que la humanidad ha conseguido en su devenir histórico. Hay en el fondo una crítica silenciosa al sistema de representación democrática. Se considera que los que están en el poder no nos representan y los que se presentan como candidatos también no son los que reúnen los requisitos para darles la confianza del voto.
Como se ha diseñado el escenario tiene una perspectiva pesimista, pero no deja de ser realista al final de cuentas. La pregunta es ¿Qué hacer ante esta crisis de representatividad? Lo que hay que hacer es, sin duda, votar de forma consciente y decidida para profundizar la democracia que hemos construido, hay que valorar lo político y sus discursos y contraponer con los políticos y sus ofertas que nos presentan en campaña. Hay que valorar a los que nos ofrecen recomponer la idea de un proyecto de país que sea común y sin fragmentación, no se puede votar por aquellos que buscan auto privilegiarse y usar las instituciones para descomponerlas y sirvan exclusivamente para ellos y no para la sociedad para las cuales fueron creadas.
La preocupación inminente es remediar la política sanitaria y económica de nuestro país, necesitamos respuesta de qué vamos hacer con el desempleo, la educación, la seguridad, las relaciones internacionales y otras políticas. Nos encantaría invitar a los niños y jóvenes, por ejemplo, a que escuchen los debates en la Asamblea que hoy suena una pérdida de tiempo la invitación.
También nos gustaría mucho acompañar a nuestro futuro presidente en sus discursos, pero parece, que la anti política sobrepaso a las ideas inteligentes para el progreso y la vida. Los discursos se han convertido en una caja de ideas sin sustento y coyunturales.
La salida que tenemos para una democracia más fuerte y legitima es, sin duda, mejorar la educación para decidir con idoneidad, porque hoy lo que tenemos es un electorado con déficit, ya que somos, en gran parte, el resultado de políticas de educación que buscaron de forma ignorante despreciar la historia, la cívica, la moral, la solidaridad, el bien común. Hay que elevar a la clase política y al electorado a niveles en donde el debate de las ideas supere a los intereses de individuos que ofrecen el oro y el moro por nuestro voto.
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