Ecuador / Miércoles, 28 Enero 2026

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“Valor sentimental” o la imposibilidad de restablecer lo perdido

Una vieja casa en los alrededores de Oslo es lo que resalta en el reciente filme “Valor sentimental” (2025) del noruego Joachim Trier. Y resalta por su simbolismo porque bien puede ser el lugar donde habría habitado una familia, o bien se habría convertido en un territorio de disputas y tensiones en el seno de aquella al punto de desintegrarse; incluso, tendría que representar una memoria que no necesariamente se debe olvidar pese a la voluntad de sus habitantes. En la película, en cierto sentido, oímos que la casa narra, o, mejor dicho, comprendemos que la casa se resiste a caer y pretende aún ser el “hogar”.

La digresión anterior podría ser inquietante, pero al mismo tiempo pretende poner de manifiesto lo que incluso encierra el título de la película: “Valor sentimental”. Todas las vivencias, sean las que fueren, siempre estarán atadas a un espacio físico, la casa, y lo que ellas podrían haber suscitado, hasta excitar afectos diversos como la sensación de tener un hogar acogedor. En este sentido, en el filme de Trier, la casa no es solo un espacio físico, sino que además es la extensión de la psicología de los personajes.

“Valor sentimental” entonces tiene que ver con una casa y una familia fraccionada. Aunque las primeras imágenes nos remiten a dicho lugar, la trama nos pone ante la vida de dos hermanas, Nora y Agnes, las cuales, tras la muerte de su madre, creen tener para sí la casa donde habrían crecido; sin embargo, el súbito retorno del padre, Gustav, y su deseo de volver a vivir en aquella despierta en ellas, en particular en la mayor, la tensión y el recuerdo de su alejamiento por 15 años, prácticamente dejándolas solas.

Para Gustav, pese a los largos años, pareciera que se ha terminado un ciclo, por lo que supone hallar la posibilidad del reencuentro con sus hijas. Es un cineasta que en su momento ha tenido reconocimientos, aunque también el tiempo y la separación familiar le han pasado factura. Para franquear ese hueco dejado, este cineasta llega con una propuesta que bordea lo sicopático: pues desea que su hija Nora, una actriz de teatro que está labrando su camino con miedos y logros, protagonice lo que podría ser su película de regreso. Acá Trier pareciera plantearnos una pregunta que bien podría ser el conflicto central de “Valor sentimental”: ¿Es posible que una película, o es posible que el cine sea para su protagonista la vía para la sanación familiar, o más bien vendría a ser un instrumento de manipulación?

Nora en realidad ha guardado rencores contra su padre. Al inicio es sintomática la imposibilidad de poder respirar y el pánico escénico cuando va a representar una obra de teatro. Anticipa claramente la tensión posterior cuando llega de nuevo a su vida Gustav, hecho que pronto deriva en un rechazo porque ella se ha construido una especie de armadura con su profesión para no ser herida por el narcicismo de su padre. En este contexto, hay un atisbo a la cuestión de la máscara (y con ello a la idea de persona y personalidad) que el cineasta sueco, Ingmar Bergman, habría explorado en su filme “Persona” (1966). Trier va desmontando la máscara tanto de Gustav como de su hija Nora, gracias a que aparecen grietas sutiles en su persona en la medida en que también comprende aspectos más recónditos de la identidad y personalidad de su padre, seguramente pasados por alto.

En este mismo marco, Gustav, ya en el tramo de su tercera edad, es una mezcla de encanto patético y crueldad inconsciente. Este hombre, seguro de sí mismo, logra transmitirnos, pese a sus fallas, que aún tiene el brío para volver a emprender.

Considerando los aspectos señalados de la película “Valor sentimental”, es claro poder hallar en ella tres niveles. El primero es el que hice notar al inicio de este artículo, es decir, el legado material constituido en esencia por la casa, pero también por los objetos atesorados cotidianamente en su interior. El segundo, relativo a la cuestión del arte, en especial el cine, y que lo puse de manifiesto con la pregunta sobre si este podría ser el medio para sanar o solo para manipular emocionalmente, hecho que se exterioriza en la intención de Gustav de querer “comprar” el perdón de sus hijas, en particular Nora, ofreciéndole un papel cinematográfico. Y el tercero, consecuencia de los anteriores niveles, relacionado con el costo emocional, es decir, el precio que se tendría que pagar por mantener vínculos con personas que alguna vez hicieron daño.

Brevemente sobre los dos últimos niveles, habría que indicar que Trier en efecto postula la idea de que los sentimientos son una moneda de cambio. Gustav no sabe o no quiere pedir perdón y más bien esconde su intención escribiendo un guion donde hay escenas sobre el perdón. Habría una meta-narrativa por este recurso, por el cual eleva su película por encima del drama familiar convencional a una crítica sobre la ética del creador de arte, del cineasta, el cual vampiriza su propia vida para alimentar su obra y volver a ser reconocido. Y esto lleva a otro hecho que podría despertar cierta suspicacia: “Valor sentimental” trata sobre la imposibilidad de cerrar ciclos por más que haya deseos y voluntades: las personas siempre tienen lados oscuros que impiden siempre el cambio real. De esta manera, la familia que retrata Trier es una que finalmente debe convivir entre sus propias ruinas, con sus traumas que no podrán borrarse.

Y lo anterior nos devuelve a la casa. Físicamente, pareciera ser un lugar bien estructurado (pese a una grieta que, desde temprano, luego de su construcción, anticipa su imperfección). Exteriormente es preciosa; tiene visos de antigüedad; su interior, donde resalta el blanco y un diseño moderno, nos hace imaginar un espacio cuasi utópico. Pero, si en caso notamos una belleza estética, es porque Trier y sus diseñadores de interiores nos quieren mostrar la falta de calidez humana: por contraste, el “hogar” se ve bien (es también una máscara), aunque todo hace presuponer que hay algo “muerto” en su interior. De ahí que el trabajo fotográfico sea notable: en los pasillos, en las habitaciones, Nora y Agnes son retratadas como si estuvieran en un encierro, pese a que los espacios parecen amplios. El efecto visual es el mismo que cuando Nora no puede respirar en el teatro: la casa es una obra de arte, pero contrasta violentamente con el caos emocional que ambas mujeres viven luego de la muerte de su madre y el retorno de su padre.

¿La casa entonces debe entenderse como un archivo de la ausencia? Pensando en Michel Foucault y “La arqueología del saber”, si archivo es “la ley de lo que puede ser dicho, el sistema que rige la aparición de los enunciados como acontecimientos singulares”, es decir, el sistema que permite que sean dichas o recordadas algunas cosas y olvidadas otras, en “Valor sentimental”, la casa funciona como un sistema paradójico: allá están atesoradas cosas incluso de la vida familiar con Gustav, pero que evocan justamente a su ausencia y abandono. Es por ello la sensación de asfixia de Nora, pero también el sentimiento de “rellenar” el hueco por parte de Gustav. La casa, de esta manera, va a convertirse en el campo de batalla emocional: el espacio hogareño y físico representa el rechazo y la nostalgia simultáneamente.

Cabe reiterar, por lo tanto, que el título de la película remite al simbolismo de la casa. La disputa en otra parte de la trama es qué hacer con la casa y con ella, cómo resolver el pasado que ha quedado como sombra en los personajes. El problema de Gustav es, pese a todo, su materialismo y pragmatismo: por ello decide filmar su película en esa vieja casa como si quisiera borrar el pasado. Intenta transformar el trauma familiar en un producto artístico; se vale de una estructura metafóricamente derrumbada, la casa familiar, el hogar vacío, como el escenario del último acto de rectificar el camino.

Un punto de vista final: “Valor sentimental” es una película que cuestiona; estéticamente nos pone en la contemplación del acto final de derrumbe de una estructura familiar, aunque, por paradoja, eso se lo vea como un acto de reconciliación ante las cámaras del cine y la televisión.

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