Red inalámbrica y oficialismo cubano
Sus usuarios no pueden hablar de política ni de religión, pero aún así la Street Network (SNET), que conecta a decenas de miles de cubanos a través de la señal wifi, se ha convertido en un espacio de libertad y confluencia ciudadana. Esta telaraña virtual está ahora mismo en el ojo de los censores oficiales tras la entrada en vigor el 29 de julio de 2019 de una nueva legislación que regula el uso del espacio radioeléctrico en la Isla.
La creatividad ha sido en Cuba una válvula de escape durante décadas. Para aliviar los problemas de conectividad a internet, muchos jóvenes utilizan herramientas offline que sustituyen parte de las experiencias que podrían tener en la web. SNET nació hace más de una década, como un espacio para el videojuego, los foros, los sucedáneos de las redes sociales y el traspaso de archivos entre quienes no tenían cómo acceder con frecuencia a la red mundial. Con dispositivos comprados en el mercado negro y otros fabricados por los propios usuarios, comenzaron a conectarse los clientes.
En todo ese tiempo existieron en la ilegalidad, pero SNET nunca le agradó a la Plaza de la Revolución, especialmente porque permitía conectar gente y crear comunidades más allá de la ideología y la política. La nueva legislación para las redes inalámbricas ha sacado a SNET de la ilegalidad, pero la ha puesto al borde de la muerte.
La normativa incluye rígidos requisitos técnicos que de cumplirse harían disminuir el alcance, la velocidad y el número de usuarios que pueden conectarse. Es una regulación que busca recortar la influencia que tiene este entramado. La decisión oficial es una manera de matarla sin prohibirla, de disminuir su importancia.
El pasado sábado decenas de personas se dieron cita frente al Ministerio de Comunicaciones para exigir una licencia especial que permita a SNET seguir operando. La respuesta oficial no es positiva y los usuarios de SNET se preparan para nuevas acciones. A su favor, cuentan con la mayor comunidad medianamente organizada de Cuba, más allá de las oficialistas organizaciones de masa. En su contra, un sistema que teme que los ciudadanos se unan sin que se les dé la orden de hacerlo. (O)
* Tomado de DW
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