Para una educación de calidad
La calidad puede ser entendida como un parámetro de evaluación, consustancial a los usos o funciones de un objeto o acción. En otras palabras, la calidad es una forma de consideración concreta no solo de la definición o de las propiedades de una cosa o acción, sino principalmente de los objetivos o propósitos a los que ellos están destinados. Por ejemplo, una manzana es una fruta que sirve para hacer jugo. Aquí se puede evaluar la calidad de ese objeto en relación con sus usos de tal forma que una fruta es mejor que otra de acuerdo con las condiciones que presenta para cumplir tal propósito.
Pero qué pasa cuando queremos evaluar la calidad de cuestiones más complejas como la educación. Si es verdad lo que hemos dicho, tendremos que clarificar el concepto y luego establecer sus objetivos y propósitos. Este ejercicio, por elemental que parezca, es una condición fundamental para la generación de un razonamiento serio con respecto a la educación con calidad. Veamos. En el contexto actual del país, ¿cuáles deberían ser los propósitos de la educación? No es fácil plantear una pregunta de este tipo, esencialmente porque tiene una naturaleza política, (en el mejor sentido de la palabra), en la medida que indaga sobre una esfera que nos es común a todos. Entre el agotamiento y dirigismo del Estado, y la veleidad y miopía del mercado, los ciudadanos nos vemos obligados a pensar en las alternativas, debatirlas y experimentarlas, y esa es quizá la primera lección que nos ofrece la ruta hacia una educación con calidad.
Hay que reconocer que la capacidad que tenemos en cuanto ciudadanos, de ocuparnos de lo que nos es común a todos, proviene de la conciencia de los derechos que nos otorga una comunidad organizada sobre el principio de lo común, es decir de lo público. Entonces, imaginar una educación con calidad es, al mismo tiempo, afianzar las ideas de democracia y de derechos, haciendo desaparecer el falso dilema entre autonomía y heteronimia, pues la profundización de la libertad sólo puede ser conseguida en la profundización de la equidad. ¿Para qué equidad? Para ampliar las opciones y oportunidades que nos brindan las capacidades adquiridas en un proceso de socialización que debe ser dirigido hacia la autonomía.
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